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Los Capuchinos, cuyo origen data desde 1525, empezaron como una reforma de la Orden de Los Franciscanos Observantes. Los Capuchinos deseaban seguir más de cerca la Regla y el Testamento entregado por San Francisco. En particular, buscaban un estilo de vida más contemplativa al mismo tiempo manteniendo más estrictamente la pobreza, de acuerdo con las primeras tradiciones de la Orden. Aunque fueron originalmente castigados por su separación con los Observantes, los Capuchinos fueron reconocidos oficialmente como una Orden independiente el 3 de julio, 1528. En su bula Religionis Zellus, el Papa Clemente VII constituyó los frailes como miembros distintos de los hijos de San Francisco.
Los Capuchinos se reconocen tal vez sobre todo por sus hábitos cafés y el capucho largo por el cual la Orden tiene su nombre. Reconocidos como pacificadores, como religiosos sencillos y accesibles, los frailes Capuchinos han servido la Iglesia en los Estados Unidos desde el siglo XVII. Los Capuchinos fueron de los primeros misioneros en los estados de Maine, Virginia, Pennsylvania y Kentucky, y por lo largo del Río Missíssippi. Los primeros pastores de Nueva York y San Luis eran Capuchinos. Hoy día existen siete jurisdicciones regionales de los Capuchinos en los Estados Unidos continentales y otros en Puerto Rico y las Islas Marianas y Hawaianas. De costumbre los Capuchinos se encuentran en los barrios pobres de los pueblos y las ciudades dados su carisma especial de trabajar entre los más oprimidos. Ellos aceptan de buena voluntad las labores de que otros rehusan. Se encuentran Capuchinos trabajando en albergues y comedores de beneficencia, tanto como capellanes en hospitales o en prisiones. Además se encuentran sirviendo como párrocos o profesores universitarios, como predicadores y enfermeros, y como misioneros en tierras lejanas. Hasta se encuentran trabajando en los centros comerciales. Sea cual sea la labor apostólica, los frailes siempre aspiran seguir las exhortaciones de su padre Francisco: ser “frailes menores” (o sea, hermanos menores).
Un Capuchino puede significar muchas cosas para diferentes personas. Sin embargo, sobre todo, es un hermano entre hermanos y un hombre dedicado a la oración. Sobre estos dos cimientos esenciales los frailes capuchinos construyen su vida y su ministerio: la oración y la fraternidad. Enfocados en su Señor Eucarístico y apoyados por su devoción de amor a la Santa Virgen María, la oración del individuo y de la comunidad nutre la relación que los frailes tienen con Dios y entre ellos mismos. Esto les permite entregarse más completamente a los que sirven en su ministerio. Junto con la oración, la fraternidad es de gran importancia para el fraile capuchino. Esta vida fraternal les propicia el compañerismo mientras son testigos de su fraternidad ante un mundo cada vez más aislado y enajenado. El carisma, cuando se vive con autenticidad, es testigo en vida de la Buena Nueva en la cual, después de lavarles los pies a los apóstoles, el Señor exhortó a sus seguidores de hacer lo mismo para los demás.
¿Se puede resumir en unas cuantas palabras la esencia de la vida capuchina? Así lo creía San Francisco de Asís al escribir “La Regla y la vida de los frailes menores es ésta: “observar el Santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.”
La Provincia de Medio América se estableció en 1977, sirviendo a Colorado, Kansas, Missouri, la mayoría de Illinois, las misiones de Puerto Rico y Papua, Nueva Guinea, y más recientemente, México. Sus nueve casas dentro de los Estados Unidos se ubican en Denver, Black Forest y Colorado Springs, Colorado; en Hays, Victoria y Lawrence, Kansas.

