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19/12/2016 Feliz Navidad. Carta de un colaborador...

Con todo cariño, con ánimo de colaborar y con el deseo de compartir, le envío esta hermosa historia con el origen del más sencillo, humilde y universal villancico “Stille Nacht” (Noche de Paz).

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Dirijo un coro parroquial y no hace mucho cayó en mis manos esta historia que me impactó profundamente, pues no la conocía en todos sus términos.
Estos son los actores que intervienen:

-Un pueblo insignificante, perdido en los Alpes: Oberndorf.
-Una pequeña iglesia parroquial: San Nicolás.
-Una reducida feligresía de campesinos.
-Un párroco joven (26 años): Jhoseph Mohr.
-Un humilde músico: F. Grüber.
-Cuatro hermanos dedicados a la fabricación y venta de guantes.

Todo comenzó en la Navidad de 1818. En Oberndorf, una aldea de campesinos a 21 km. de Salzburgo (Austria).  
Lugar de gente humilde y sencilla que esperaban la Misa del Gallo como el Acto más importante del año. El párroco se había pasado horas y horas escribiendo en su despacho ya que el organista le había avisado que el órgano estaba totalmente fuera de servicio, con los fuelles rotos. Al cabo de un tiempo, por fin le llevó lo que había escrito -la letra- al músico Franz Grüber. Éste, en poco tiempo, le agregó una sencilla melodía y así juntos pudieron entregar su “regalo de Navidad” a la pequeña comunidad parroquial y cantaron por primera vez el nuevo villancico acompañados con la guitarra de Grüber. (Hay que considerar que en este tiempo la guitarra y otros instrumentos no estaban permitidos por no considerarlos dignos del templo).

Después de aquella Navidad, pasaron los años con la partitura guardada en el asiento del órgano. Al cabo de siete años un técnico -Carlos Mauracher- tirolés, técnico, afinador y constructor de órganos, lo descubrió y quedó encantado, tanto que se lo llevó a su tierra, desde donde algunos grupos corales lo llevaron a Alemania. El emperador Federico Wilhelm IV lo escuchó, y tanto le entusiasmó que ordenó que se cantara en todas las iglesias del imperio ese año.
Un pequeño coro formado por los hermanos Strasseos, dedicados a la fabricación y venta ambulante de guantes, fueron sus más entusiastas propagandistas, pues lo cantaban siempre allá por donde iban con su venta ambulante, hasta el punto de ser invitados a participar en un concierto en el auditorio católico de Laipzig.

La acogida no pudo ser más clamorosa. Desde entonces se fue extendiendo por todo el mundo.

Joseph Mohr no era un gran poeta, era un humilde párroco. 
Franz Grüber era un músico famoso, y sin embargo ambos llenos de amor por los feligreses de san Nicolás y con gran cariño por su parroquia, compusieron este villancico tan sencillo, humilde y universal.

Así nació Noche de Paz

Antonio González
Colaborador de la revista "El Santo" (Capuchinos Editorial)

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