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17/08/2019 Tucupita. 100 años de historia

Cabeza de puente en el doble régimen de MISIÓN, Terminología Civil, y VICARIATO, terminología eclesiástica, en nuestra Venezuela Republicana.
 

Tucupita. 100 años de historia

1919...
Durante la Colonia, Tucupita era simplemente un caño que nacía en la rivera derecha del Caño Manamo, frente a la isla de Guara, (un poco más arriba de la Isla del Diablo) cuyo nombre presentaba diversas versiones: Tucupiti, Tucupite, Cutupiti… No se conocen  poblaciones en sus cercanías en aquella época. Era un nido pasajero de hombres huidos, esperando oportunidad para continuar viaje a sus lugares de origen: Puerto Santo, Caripe, Cumaná, Margarita,etc.

Para 1888, aparece en los documentos y mapas un caserío en la boca de este caño Tucupita que tenía unas seis u ocho casas, según los informantes que encontraron los capuchinos treinta años después, que se convierte en ese año en la capital del cantón Delta al desaparecer como tal capital la población bituminosa de Pedernales, trasladada su importancia económica a la isla de Corosimo al sur del delta, cuando se abrió allí la primera mina de hierro de Guayana.

Queda como testigo una muda y alta chimenea de ladrillo rojo, simbólicamente un enorme gran “loro rojo”, Korosimo, a los ojos asombrados, temerosos e imaginativos de los guaraos, a lo lejos, entre el follaje de las palmeras. El traslado de la capitalidad provinciana a su posición actual, de Pedernales a Tucupita, se debe según mis conjeturas, a la posición privilegiada y de fácil acceso para barcos grandes, de un gran territorio que se preveía central en la rica producción agrícola deltana: cafetera y cacaotera, que crece de día en día con la inmigración continuada, principalmente de los agricultores venidos de la Isla de Margarita.

Al principio de 1919, en enero, llegan a Tucupita, inesperadamente, dos capuchinos provenientes de Caracas, Bienvenido de Carucero y Arcángel de Valdavida, que echan pie a tierra del barco de la Compañía Venezolana de Navegación con destino a Ciudad Bolívar, con el fin de inspeccionar la región Guayana para situar la próxima refundación de las imprescindibles misiones históricas de la Colonia con el fin de resguardar nuestras fronteras orientales, fallados vergonzosamente todos los intentos meramente civiles y militares hasta entonces implementados. 

Los religiosos franciscano-capuchinos se habían embarcado en La Guaira unos ocho días antes “costeando” por todos los puertos que encontraban a su paso por nuestros límites marítimos y fluviales, dejando y recibiendo pasajeros, mercancías y noticias. 

Los habitantes de la aldea agrícola de la boca del caño Tucupita se conmocionaron a la vista de los frailes, especialmente el Gobernador Samuel Darío Maldonado, médico eminente, educado en Europa. Conocía a los frailes personalmente y también en su trayectoria histórica misionera colonial. Y les aseguró “’por su madre” que la primera nueva Misión se haría en Tucupita. ¡Faltaba más! ¡Su gobernación también pertenecía a la  desprotegida Guayana!

Y salió de inmediato para Caracas para tratar el asunto directamente con el Presidente. Los frailes siguieron para El Interior guayanés visitando y estudiando ríos, lugares y gentes. Volvieron a Caracas con sendos Informes, cuyo resultado fue que la “aldea-capital del cantón Delta territorio federal”, Tucupita, fue elegida para ser la sede de la primera Casa Misión moderna, S. XX, como cabeza de puente entre la civilización y la selva, después de cien años justamente de haber sido suprimidas todas las Misiones durante la Guerra de la Independencia. 

Un aplauso, señores, para la visión de futuro de aquel Gobernador Progresista que afirmó rotundamente: “Tucupita nunca será nada sin los Capuchinos”. Y los capuchinos nos quedamos para dar siempre luz, lustre y defensa a nuestro territorio deltamacureño, amenazado continuamente por el Imperio político, cultural y económico inglés.

Hitos históricos de las nuevas Misiones Republicanas calcadas en las Misiones Coloniales de Cédula Real.

Durante la Colonia, se erigieron diversas Misiones Católicas, coordinadas por los estamentos civiles y eclesiásticos de mutuo acuerdo. Los Reyes, mediante Cédulas Reales, creaban misiones que luego la Iglesia aceptaba por medio de diversas Órdenes Religiosas Misioneras que las llevaban a la realidad. Destacaron en este quehacer, los capuchinos.

Los capuchinos inician su actividad misionera en Venezuela legalmente a mediados del s. XVII, en el hoy Estado Sucre, plantando su primer centro misionero permanente dentro de la Cueva del Guácharo. Desde aquí se fueron extendiendo por Trinidad, Monagas, Guayana, Los Llanos y Zulia.  Y asumieron las dejadas a juro -fueron expulsados- por los jesuitas. La Guerra de la Independencia las destruyó todas. Se hicieron varios intentos para reconstruirlas, cosa que se pudo, por fin, culminar en 1915 con la correspondiente Ley de Misiones del 16 de junio. Como puede entreverse, había opiniones a favor y en contra. En contra, la masonería, el protestantismo y el comunismo. A favor, el gobierno que no encontraba “misioneros patriotas” y el pueblo cristiano católico.

El 10 de agosto del mismo año, el presidente da un Decreto reglamentándolas. Este Decreto se deroga y se redacta otro en 1921 que fue con el que se inicia la nueva andadura. 

Primeramente, los padres Bienvenido de Carucero y Arcángel de Valdavida habían  realizado, como hemos anotado más arriba, una expedición exploratoria por el Delta del Orinoco y el Río Caroní y sus afluentes. Como consecuencia de sus informes del mes de marzo de 1919, después de cuatro meses de expedición, se determina crear una cabeza de puente en Tucupita el 18 de agosto de 1919 con los futuros misioneros Arcángel de Valdavida, cura interino, y Samuel de San Mateo. A los dos meses, el P. Arcángel enferma y es nombrado primer cura párroco de Tucupita, de la diócesis de Ciudad Bolívar entonces, el P. Samuel de San Mateo, iniciándose así un período preparatorio para la instalación de las Misiones, junto con el Hno. Fray Saturnino de Bustillos. Ambos están enterrados en Tucupita.

Así las cosas, la nueva parroquia de Guayana, Tucupita, inicia su andadura provisional. “Y se delega al P. Félix de Vegamián (senior), tío del P. Félix María de Vegamián y tío abuelo de Mons. Felipe Gonzáles, Visitador y Comisario General de los capuchinos para que tramite con el Gobierno todo lo concerniente con el restablecimiento de las Misiones”.

“El 22 de febrero de 1922 se firmó el Convenio de Misiones entre el Gobierno y la Orden Capuchina.

El 21 de marzo de 1923, el Gobierno concede el “Pase” a la Bula Pontificia de Pío XI sobre la creación de dicho “Vicariato Apostólico del Caroní”, “siempre que queden a salvo los derechos de la Nación”.

El 27 de noviembre de 1923 queda designado como primer Vicario Apostólico del Caroní y el primero de mayo de 1924, es consagrado obispo con el nombre de Mons. Diego Antonio Alonso Nistal, el P. Bienvenido de Carucero, recobrando así su nombre de pila. Él era uno de los dichos expedicionarios pioneros por el Interior de Guayana.

El nuevo obispo, el 11 de mayo, toma posesión del Vicariato en la ciudad de Tucupita, haciéndolo por poder en su nombre el P. Samuel de San Mateo. Este popularísimo capuchino de entonces, P. Samuel, sería después enterrado aquí, el popular capuchino de entonces, fundador de varias instituciones culturales tucupiteñas que aún subsisten sin que nadie lo recuerde ni lo sepa.

Vicariato Apostólico de Tucupita
30 años después, por decreto de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide de 30 de julio de 1954 se erigió el nuevo Vicariato Apostólico, llamado de Tucupita, desmembrándolo del Vicariato de Caroní y designando como sede la misma ciudad de Tucupita… Los límites del nuevo Vicariato coinciden con los de aquel Territorio Federal Delta Amacuro.

El 19 de diciembre de 1955, el papa Pío XII nombra al párroco de Tucupita Álvaro María de Espinosa, primer vicario apostólico de esta ciudad, que en adelante será conocido como Monseñor Argimiro García de Espinosa, el impulsor de nuestra espléndida catedral Divina Pastora, recobrando así también su nombre de pila. Y el 8 de julio del año de 1956 era consagrado solemnemente obispo en y para la dicha ciudad y su entidad política. Forman su clero los misioneros ya allí previamente establecidos del Vicariato anterior de Caroní, más los nuevos incorporados Padres Lorenzo Redondo, Profesor; Antonio Vaquero,maestro, que publicaría la Gramática Warao y los Evangelios en esta lengua; y el joven capuchino Julio Lavandero Pérez que ustedes conocen ya decrépito.

En junio de 1964, el Congreso nacional sanciona la ley por la que se aprueba el Convenio celebrado entre la República de Venezuela y la Santa Sede, Modus vivendi, uno de cuyos artículos hace referencia al régimen misional y en él se compromete a prestar especial apoyo y protección a las Misiones Católicas.

El anterior Convenio de 1956 entre el Gobierno y los capuchinos expira en 1966 a los diez años, firmándose otro para cinco años, el 22 de febrero de 1967. Éste expira en 1972 no firmándose otro por dos años, como pretendía el Gobierno, al negarse a ello el Vicario Apostólico, Mons. ArgimiroGarcía, por tan breve tiempo. Pero en la práctica  siguen rigiendo las normas del convenio últimamente  vencido.

Quien desee más información preciosa y precisa al respecto puede leer el librito del padre misionero capuchino Elías Martín, un tiempo mi compañero de aventuras por Tucupita, En Las Bocas del Orinoco, del que se han entresacado estas notas, profusamente repartido él por las Bibliotecas Públicas y privadas de nuestra querida ciudad de Tucupita por los años de 1976.

Tucupita, 12 de agosto de 2019.
Fray Julio Lavandero Pérez

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