La mirada del Buen Pastor

En tiempo de Pascua, en el cuarto domingo, celebramos a Jesús como Buen Pastor. Esta fue la primera representación que hicieron los cristianos de Jesús en las catacumbas. Lo pintaron como pastor, mucho antes que representarlo en la cruz. ...

La mirada del Buen Pastor


Tal como lo presenta el evangelio de Juan en el capítulo 10, Jesús, el Buen Pastor, tiene una manera de pastorear, de tratar a las ovejas, que inspira confianza. Esto no ocurre con los ladrones o extraños. Jesús se acerca a las ovejas para estar con ellas, las trata con cariño, las llama por su nombre, se pone delante de ellas para guiarlas y conducirlas a buenos pastos. Está tan unido a ellas, que es capaz de dar la vida para salvarlas. 

No es extraño que la imagen del Buen Pastor haya dado pie a una espiritualidad y una devoción extensa y profunda a lo largo de toda la historia cristiana. Después de todo, guía, cuidado y protección son asuntos que conectan profundamente con necesidades básicas del ser humano.

Un día antes del domingo del Buen Pastor, el sábado, los Capuchinos celebramos la fiesta de la Divina Pastora, la Madre del Buen Pastor, devoción capuchina que surgió en el convento de Sevilla el año 1703 y que se popularizó por toda la Península Ibérica y por las misiones capuchinas. 

La imagen de Jesús, Buen Pastor y la de la Madre del Buen Pastor puede suscitarnos ciertas preguntas que inciden en nuestro compromiso del creyente en pro de los otros. De la manera de actuar del Buen Pastor, nosotros podemos sacar una serie de orientaciones: hemos de tratar de ser abiertos y cordiales, dispuestos a dar el primer paso y acoger siempre con bondad, respeto y paciencia. Hemos de tratar de modo especial a quienes se encuentran más heridos, ir en busca de quienes tienen dificultades, mostrarnos afables y familiares también con quienes se encuentran entre nosotros, tratando de compartir y celebrar la fe, tratando de crear unas comunidades cristianas desde la confianza, el trato personal y el diálogo. 

Para san Francisco, la imagen del Buen Pastor fue también una de las preferidas. Él mismo nos exhorta: “Y recurramos a Él como al pastor y obispo de nuestras almas (1Pe 2,225), que dice: Yo soy el buen Pastor, que apaciento a mis ovejas y por mis ovejas doy la vida. (Jn 10, 11. 14-15)”.  Por eso, esta imagen también puede ayudarnos a pensar en nosotros mismos y en cómo vivimos nuestra relación con Jesucristo. Hay veces en las que sentimos que vivimos una relación bastante pobre con Jesús y que necesitamos vivir una experiencia más viva y entrañable. Hay veces que se nos olvida que podemos acudir a Él cuando nos sentimos cansados y sin fuerzas o perdidos y desorientados. Corremos el riesgo de olvidar al Pastor y por eso hemos de ser capaces de recordarnos que hemos de escuchar su voz, seguirle y ser agradecidos.
 
Eso es lo que también le pedimos a María, la Madre de este Pastor ideal:  que nos ayude a tener “la mirada del Buen Pastor que no busca juzgar sino amar(EG125)

Benjamín Echeverría, OFMCap

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