Entrevistamos al capuchino Manuel Muñoz: Premio Bravo 2014.

Entrevistamos al capuchino Manuel Muñoz: Premio Bravo 2014.

Manuel Muñoz nació en 1941, en la posguerra, en Madrid, en la calle Atocha, centro castizo de la capital, en el seno de una familia numerosa.

Manuel, háblanos de tu infancia y en especial de tu vocación.
Éramos siete hermanos. Mis padres eran muy humildes. Mi padre primero tuvo una tienda y luego se incorporó al Ministerio de Obras Públicas en los ferrocarriles de vía estrecha y mi madre era de una familia muy cristiana, una familia muy volcada en lo social, sobre todo mi abuela.

Desde pequeño mi vocación ha sido una cosa verdaderamente anecdótica.
Vivíamos en la calle Atocha 117, en la posada de San Blas. Una posada de la que incluso habla la literatura española del siglo XVIII porque era una corrala. En Madrid son muy conocidas las corralas. En el piso segundo vivíamos nosotros, en un piso muy reducido y, fíjate, cuando yo marché al Seminario éramos cinco hermanos y mis padres.

Yo entré en el Seminario a los once años. Conocí a los capuchinos porque estábamos cerca de Jesús de Medinaceli, estuve un año de monaguillo en una iglesia más cercana, en los Paules, en la Congregación de la misión. Tengo muchos recuerdos porque allí iba a rezar con mi padre el rosario con mucha frecuencia. También fui monaguillo en la catequesis de Jesús de Medinaceli.

Entré en contacto con capuchinos sobre todo con misioneros. Recuerdo algunos nombres muy venerables, me sentaba a su lado y me contaban anécdotas y me cautivaban aquellos ideales, aquellas misiones, quizás en un sentido un tanto utópico, pero bueno, así se movía la gente joven y pequeña antes y yo creo que también ahora.

Entré a los once años en el Seminario y entonces yo era un niño muy tímido. Me costó mucho pero afortunadamente hacían unas iniciativas muy importantes en el Seminario que eran obras de teatro y eso me ayudó a romper la timidez y a ponerme delante de un público. Era y es muy interesante de cara a los sacerdotes y a todos aquellos que tienen que prepararse para hablar en público. Después seguí con otras actividades, por ejemplo en la llamada academia de misiones y después de la ordenación sacerdotal fui enviado a Salamanca y allí estudié la licenciatura en pedagogía, en validez civil y eclesiástica examinado por un tribunal mixto de distintas personalidades del mundo de la pedagogía del momento, algunos muy conocidos y en aquel momento también conseguí la diplomatura en psicología y también la diplomatura en expertos en educación de adultos.

Cuéntanos algún aspecto que recuerdes con cariño de aquellos días.
Bueno yo me sentaba en Jesús de Medinaceli, nada más traspasar la puerta de acceso al convento donde ponía “privado” por clausura había un banco y me sentaba junto a un padre venerable –no recuerdo su nombre porque era muy mayor- y un misionero encantador que me contaba historias. Tanto él, que era capuchino en Venezuela, como otro que era catalán misionero en Colombia, iban encendiéndome por dentro. Pero tengo que decir que desde muy pequeño yo sentí la llamada de Dios, inclusive organizaba en el pasillo del acceso a las viviendas de mi casa unos pequeños altares y allí rezaba o cantaba canciones, incluso alguna vecina me decía … “Manolito, ya no reces más responsorios”… 

Yo tenía un tío jesuita, mis hermanos y sobrinos se han formado con los jesuitas y mis sobrinos nietos se han formado con los jesuitas. Estando yo en el Seminario menor venía a Madrid porque mi hermano mayor estudiaba en el Centro Católico de Artes e Industrias –fue ingeniero técnico industrial- falleció en el año 2004, venía a verlo y detrás de mi dijo uno que tenía relación con mi hermano… “bueno, a ver si pescamos a tu hermano”… y yo que lo oí me volví y dije… “Yo ya estoy pescado”…

En el Seminario hay una anécdota que para mí es una de las experiencias más importantes en mi vida. En el Seminario Menor hasta el año cuarto de los seis que se cursaban entonces, a los alumnos que teníamos calificaciones aceptables o buenas, nos encomendaban hacer a modo de acompañante de otros compañeros que tenían más dificultades o peores resultados. En el verano de ese año yo acompañaba, para repasar lengua española a un compañero y durante ese verano trabajábamos allí en la huerta para bajar la conducción de agua a un estanque. Este compañero, muy amigo, falleció ya. He rezado muchas veces sobre su tumba. Teníamos 14 o 15 años, cogió la enfermedad de tétanos, una enfermedad muy dura y fuerte y muy rápida en su desarrollo y murió. Eso me impactó mucho porque fue el último seminarista fallecido en el Pardo. Estábamos todos en la era del Pardo paseando y llegó la ambulancia y murió allí y por la noche le velamos. Yo antes tenía mucho miedo y recuerdo que en aquel momento me fui ante el cristo del Pardo y oré por él y le dije al cristo “Señor, yo te pido una cosa, llegar a ser capuchino y celebrar una misa. Con que me concedas eso ya me doy por feliz”. Después yo he sido el trasmisor de cientos de misas por Radio Nacional de España.

¿Sale del Seminario, va a Salamanca y qué tareas desempeña allí?
Me dediqué muy intensamente al apostolado. Además fui formador porque colaboré como subdirector responsable primero de estudiantes de estudios eclesiásticos, era muy joven entonces porque fui ordenado con 24 años y en aquella etapa fui formador de estos y también de los hermanos no sacerdotes, a los que yo impulsaba, animaba mucho a estudiar porque estaba convencido ya entonces que para todo, para ser religioso hermano capuchino había que ser una persona cultivada y con un conocimiento, al menos mínimo, de lo humano y de lo divino porque las personas que vienen a nosotros no hacen distinción entre si uno es sacerdote o no lo es, ven a un hombre consagrado y es lo correcto por otra parte.

Yo fui director espiritual de cursillos de cristiandad y director espiritual del movimiento familiar cristiano. Me ordenaron sacerdote a finales de marzo de 1966, y siempre pensé y me cocí o Dios me coció como sacerdote como se cuece el barro y se fortalece y consolida en esos seis años que estuve en Salamanca del 66 al 72 y vi experiencias muy fuertes de encuentros con Dios de muchas personas, sobre todo jóvenes. Viví profundamente sus momentos de dolor de conversión y de alegría, de tal forma que cuando a mí me nombraron para ser director en el colegio de Usera y levantamos el edificio en aquella etapa, recuerdo que estando al teléfono llorando cuando me llamaron, se acercó a mi lado uno de los militantes del cursillo –así se llamaban entonces- y me dijo al oído, “recuerda Manolo que tú has sido enviado a sembrar”. Me dejó planchado. Ese hombre curiosamente después falleció tras una dura enfermedad y con él viví momentos muy interesantes, para mí fue otro momento fundante en mi vida, una experiencia profunda de vida religiosa y sacerdotal. Siempre me he presentado como franciscano capuchino sacerdote que ejerce el sacerdocio como un servicio de gran responsabilidad.

De Salamanca a Usera.
El colegio de Usera ya estaba fundado pero era un colegio en trasformación.  Este colegio había comenzado en el año 1960 como una Escolanía. Se comenzaban a hacer algunas pequeñas clases para enseñar pero también para dar cultura y después se fue transformando. Antes de mi estuvo un Padre, antiguo compañero de trabajo de mi padre por cierto, que había hecho una gran labor de reconocimiento e incluso había preparado los planos de la edificación en gran parte y yo tuve que ejecutarlos.

Cuando vine el colegio sufrió una gran trasformación porque vivimos años ilusionantes. Todo el profesorado que había entonces vivió unido por la ilusión: “íbamos a levantar un colegio”. No solamente un espacio físico sino también un espacio humano. Un espacio de desarrollo de las personas y un espacio por supuesto creyente y a todo nivel franciscano y eso me lo recordaba hace mucho tiempo uno de los profesores de entonces, me decía “¡qué años aquellos!” vivimos un fuerte ideal humano y cristiano.

Trece años fui director de aquel colegio, desde el año 1972 a 1985 y con toda la trasformación social, política y cristiana de España y me moví mucho por toda la barriada de Usera ayudando a crear las asociaciones de padres de alumnos y en la primera vez que intervine en el salón de actos ante ellos les dije “perdónenme, no vengo a buscar alumnos, vengo a buscarles a ustedes, si ustedes no están no habrá educación”. Y entonces contribuimos a fundar asociaciones de padres, se creó una coordinadora de colegios católicos y de asociaciones de padres y fuimos una coordinadora en el sur de Madrid, una barriada en transformación, como ahora se dice en lucha, Usera y Orcasitas que estaban unidos, y éramos muy luchadores en aquella etapa famosa de la LODE –Ley Orgánica de Desarrollo de la Educación-. Nos distinguimos en grandes manifestaciones y en aquel momento la Federación Española de Religiosos de Enseñanza, me llamó a formar parte de la junta directiva y después fui también delegado provincial de la Federación Española de Religiosos de Enseñanza de Madrid que agrupaba a 245 colegios y miembro vocal de la junta nacional que no tenía tiempo porque ya no me daba para más.

De formador en Salamanca a director en Usera, estas tareas encajan en su formación, pero ¿Cómo llega al mundo de la comunicación?...
De aquí me enviaron al Pardo. Allí fui Rector del Seminario Superior y director, demasiado mogollón para mí en aquel momento. Pasé unos años muy difíciles y después al acabar esos dos años, pienso que de una forma muy providencial, vine de Párroco a Jesús de Medinaceli y me dije “Señor, me has cambiado todo”. Hay que pasar página en el calendario y empiezo de nuevo.

Allí estuve nueve años de párroco, después seis años de provincial y después fui destinado durante nueve años a Cuatro Caminos. Entonces en el segundo año que estaba en Medinaceli, el año 1988, había venido destinado desde Jesús a Usera el padre Orencio Llamazares, capuchino, un hombre muy valioso que había trabajado con calidad, lucidez y entusiasmo en los medios de comunicación. En el programa “Buenos días nos de Dios” como director del Secretariado de la Comisión Episcopal y había trabajado también en “La misa en España” de RNE. Este hombre le sobrevino una enfermedad y a pesar de todo intentó seguir trabajando y ocultar su enfermedad por el deseo de seguir sirviendo. Fue al provincial y le dijo que le iban a hacer una pequeña operación, que le quitaban un riñón. Le operaron el día después de reyes. Siguió trabajando pero le sobrevino la muerte con 63 años.

En aquella etapa que era consejero provincial estaba de Párroco en Medinaceli y había salido unos días de vacaciones, estaba con mi madre que en paz descanse y subí corriendo a la habitación del provincial. Era el 27 de agosto y le pregunté a ver cómo estaba Orencio Llamazares y me respondió “muriéndose” y estando hablando con él llamaron y nos dijeron que acababa de morir.
Rezamos por él y en ese momento hubo una segunda llamada telefónica, ya no era de la enfermería provincial de Cuatro Caminos, era de RNE. Les había llegado la noticia y el entonces director de RNE, Pedro Ramos, llamó preguntando “¿Quieres hacerte cargo de la misa a partir de septiembre?, para la misa de mañana ya hay un padre que se va a hacer cargo”. El provincial me miró y me dijo ¿Puedes hacerte cargo tú? Le respondí “Sólo pido una cosa que me dejen el guión de la transmisión que ha hecho el Padre para este misa”.

Hubo un momento que me enteré después que algún sector intentó, parece ser, no lo puedo confirmar, quitar ese programa de RNE, eran tiempos muy revueltos.
Así empecé el primer domingo de septiembre de 1988, fiesta de Nuestra Señora de la Consolación, advocación de especial devoción en la espiritualidad de la familia de San Agustín y comencé en el Monasterio de la Encarnación de Madrid.

Este programa de RNE ¿en qué consiste?...
Este programa ya lo había sacado de estudio Orencio Llamazares. Cuando yo lo cogí comencé a moverlo mucho por toda España. El 50% de las transmisiones eran desde Madrid y el 50% de fuera. Empieza a las 8:15 de la mañana y termina a las 9. Siempre es en directo. Tiene sus dificultades porque depende de mucha gente: del celebrante, de los coros, de los técnicos, de todo el mundo. Hay que procurar mentalizar y formar a todos y formarles en una cosa muy importante que siempre he subrayado –esto es una misa, no es un espectáculo, es un acto de fe, es una celebración gozosa de nuestra fe, con sentido de iglesia y de comunidad viviéndolo intensamente y siempre les digo: no se preocupen de la transmisión, RNE se encarga de que se haga bien, pero nosotros vamos a celebrar la misa lo mejor que podamos. Comienzo con una breve presentación que dura como mucho cinco minutos y es una presentación que, con el paso del tiempo, ha adquirido mucho relieve porque me encuentro en muchos sitios con personas que me hablan de su conocimiento de la iglesia a través de la presentación de la misa de RNE.

Después de la presentación comienza la misa, hago las moniciones, comentarios, leo el evangelio siempre para que la voz que predica sea distinta de quien ha proclamado el evangelio. Procuro dar una entonación de vida de tal forma que hace unos años el Secretariado Episcopal de Liturgia, que celebra unas jornadas me llamó para proclamar la Palabra de Dios en presencia de toda la Asamblea. Proclamé la lectura de la epístola más breve de San Pablo y además recuerdo que había muy poca luz y me vi con muchas dificultades para leer.

Son ya 26 años desde que dirijo esta tarea y se van a cumplir 3 meses más.

Y además, ¿realiza otro programa de radio?
Si, en este tiempo hemos comenzado otro programa en RNE. Monseñor Montero, Arzobispo de Mérida –Badajoz- que quería mucho al padre Orencio y que a mí me ha estimado mucho, me comentó “menos mal que detrás del responsable de la misa había una orden religiosa” se pudo buscar inmediatamente la solución. Si hubiera sido un sacerdote aislado hubiera sido mucho más difícil. Poco tiempo después comenzamos a hablar en una etapa muy complicada porque fueron tiempos en que RTVE se encontró en una situación económica dificilísima con un billón de pesetas de entonces de déficit, allí pasaron grandes directores generales pero no pudieron resolver el problema. El año 92 fue el año del crack, tenía una programación preciosa moviéndome por toda España, por los lugares de los grandes evangelizadores de América, la última misa que trasmití fue la de Madrid en mayo en Villareal donde está el sepulcro de San Pascual Bailón, recuerdo entonces el director general de RTVE era un natural de Villareal, vine de allí y me dijeron corte toda la programación y tuve que trasmitir ocho misas seguidas desde el mismo Monasterio de Madrid, en las Oblatas de Cristo Sacerdote, que cantaban como los ángeles música gregoriana.

Este segundo programa lo veníamos hablando el entonces director de la oficina de prensa de la Conferencia Episcopal Española, ahora director de la revista Ecclesia y yo. El obispo Monseñor Montero tenía una gran inquietud “tenemos que conseguir hacer un programa para los misioneros españoles en el mundo, los cooperantes, los inmigrantes…” un programa en lengua española que sea un informativo de la vida de la iglesia en España y Latinoamérica. Entonces, después de hablar nos reunimos con el director general de RNE, el director de Radio Exterior de España entonces que era Fermín Bocos y algún cargo más y Monseñor Montero y Jesús de las Eras, director de entonces de la oficina de información y un servidor. Conseguimos que nos dieran 30 minutos de antena, fue muy laborioso porque cuando comenzamos nos encargamos los dos, Jesús de las Eras y yo. Él como periodista tiene contactos de periodismo, ahora tiene su pequeño Staff en la iglesia y él es el que prepara el programa, lo produce y hace el guión y contacta con los entrevistados. Y yo antes le propongo que me conceda estudio en RNE, conseguido y nos ponemos en contacto. Me envía un guión de preguntas y yo lo estudio, algunas músicas y me encargo de montar y presentar el programa. Ahora ha tenido más o menos la misma estructura. Una presentación, una entrevista o dos sobre la vida de la iglesia en España con alguna persona que hable de la autoridad de la vida de la iglesia o de la sociedad y termina con un comentario que se llama la “Palabra” un micro-espacio en el que colaboran liturgistas, teólogos, biblistas y pastoralistas en general. Han colaborado varios capuchinos… Fidel Aizpurúa y Domingo Montero entre otros.

Requiere mucho esfuerzo preparar un programa de estas características.
Y muchos coscorrones, por supuesto también muchas satisfacciones. El programa de Radio Exterior me ha puesto en contacto con una variedad amplísima de personas. He entrevistado a Gloria Fuertes, a José María Sánchez Silva, autor de Marcelino pan y vino antes de que muriera, para esa entrevista busqué la música de la película y hablé con el técnico y le dije que estuviera pendiente porque en un determinado momento le pediría que ponga la canción de nuevo. A José María Sánchez Silva, que ya no tenía buena salud, poco después falleció, le hice una pregunta….   Me da la impresión de que igual que Marcelino pan y vino tú también has pasado tu vida buscando a tu madre. Él se emocionó, pusimos la música y el respondió… “Si, y sé que la voy a encontrar muy pronto”.

Gloria Fuertes con su voz tan ruda me contaba cosas curiosísimas, le pedí que leyera algunos de sus poemas al cristo desnudo y desarrapado, con su lenguaje, era una mujer muy directa y cercana.
He entrevistado a grandes filósofos de nuestra variopinta sociedad española.

Y después de tantos años de trabajo el reconocimiento: Premio Bravo 2014.
Sí, ahora, yo no lo sabía ni lo esperaba, para mí el gozo es anunciar a Jesucristo, anunciar la palabra de Dios. A veces me han preguntado… “bueno, ¿esto estará bien pagado? ¡Por Dios, si te lo digo! lo importante es que nos dejen esta plataforma para anunciar al Señor y la presencia de la iglesia en la sociedad. En este caso como Francisco de Asís. ¿Puede encontrarse algo más bonito?...

¿Qué significa para alguien que ha estudiado psicología, pedagogía, comunicación, ver cómo esta sociedad está dando la espalda a la religión?...
Primero constatar que la radio llega a muchos rincones.
Segundo que muchos de esos rincones son sorprendentes.
Al terminar una transmisión en la Compañía de Santa Teresa llamaron desde un pueblecito un señor oyente asiduo de la misa que dijo… adelante.
En esta sociedad hay muchas personas solas, no solo enfermos, hay también navegantes, pescadores, cazadores, personas que van al volante y han dicho… te he oído. Es un medio para llegar a muchas conciencias y corazones. A lo mejor es la llamada que Dios estuvo esperando y dijo… ahora es el momento y entonces entra un rayo de luz.

Nos lamentamos mucho de los signos de estos tiempos, pero estos son los signos y en este tiempo hay que seguir hablando de Dios y hacer un Dios cercano y familiar. Yo he procurado hacer de la misa un momento en el que las personas que lo escuchan sientan serenidad y eso hago y que se sientan que estamos compartiendo con ellos un momento de fe y yo le digo a la Asamblea que está delante, a veces muy pequeña, otras veces más grande, tenemos que hacer trasmitir la fe a través del micrófono.
Curiosamente no se me olvida un viaje a Alicante, comentando con unos compañeros, aquí hay una familia que quiere conocerte. Familia con chicos jóvenes. Y les decía esto mismo, tenemos que trasmitir la fe y me dijo la madre de familia, aunque usted no lo crea esto se percibe.

Como sacerdote capuchino, ¿hay algo que eche en falta en su vida?
Algunos compañeros misioneros dicen que yo soy el Capitán Araña porque embarqué  a otros pero yo no fui. He ido a visitarles y me he sentido transformado. Bueno, me he dicho a mí mismo ¿Por qué pensar que la misión está solo allí?

Y sobre todo en esta transformación, en esta sociedad nuestra donde dice el papa Francisco que de tantas periferias, no solamente las geográficas sino también las existenciales, las de la fe, yo aquí ahora en este momento me dedico a la pastoral del bautismo, de los enfermos, de los ancianos, de los olvidados,,, muy importante.
No sé si son dos de los ámbitos del descarte de los que habla el papa Francisco.

Doy gracias a Dios por mis padres, hermanos, a la orden sin la que no sería nada sin la orden capuchina y tengo que decir también que aunque yo siempre he procurado trasmitir la misa y volver rápidamente al convento para ejercer mis actividades pastorales como cualquier otro hermano, siempre me han apoyado para dejarme ese momento del día disponible para poder trasmitir. Cuando uno no está otro tiene que estar y hay que agradecer a la fraternidad. Lo que decía Monseñor Montero, hay una comunidad detrás y esa comunidad está apoyando y así lo siento y doy gracias a Dios.

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