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26/03/2020 Vía Crucis

San Francisco quería que sus hermanos fueran por el mundo como “juglares” – cantoautores populares, inventando versos sencillos y melodías – para alabar a Dios, y anunciar el amor, el perdón y la paz. ... 
 

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Festividad de Fray Leopoldo

Pido por amor de Dios para el sostenimiento de la obra apostólica y misional de la Orden; y es un bien para los que me socorren por el amor de Dios.
Recordamos a Fray Leopoldo; "Oye, cantor de la Virgen... ¿qué embrujo dejaste en Granada que no podemos olvidarnos de ti?

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Ángel Díaz. 25 años de servicio a Jesús

¿Quién es Ángel Díaz?
Soy el más pequeño de dos hermanos, de una familia de un pueblo de Ciudad Real. Llevo en la Orden más de 40 años. Me gustaría resaltar que considero una gracia de Dios que yo esté aquí ahora, después de muchos años, porque la primera vez que vine yo a Jesús de Medinaceli mi madre me trajo en el vientre un mes antes de nacer, debido a una promesa que quería cumplir con mi hermano, tres años mayor que yo y había tenido un accidente porque había bebido sosa. Mi madre no conocía Jesús de Medinaceli y al ir a buscar la cartilla del médico para llevar a mi hermano urgentemente apareció una estampa de Jesús de Medinaceli y se encomendó a él pidiendo por la salvación de mi hermano. Le hicieron un lavado de estómago y se recuperó perfectamente. Mi madre hizo la promesa de visitar a Jesús y cuando trajo a mi hermano, faltaba un mes para que yo naciera. Lo trajo un primer viernes de marzo y yo nací justo al mes. Así, fue mi madre quien me trajo la primera vez, sin saberlo y sin saber que yo después iba a estar aquí. 

¿Cómo llegas a los capuchinos?
Fui monaguillo en un convento de monjas, aquí en Recoletos, en Clarisas y allí surgió mi vocación franciscana. Me eduqué con los salesianos. Querían que yo me pasara al aspirantado de ellos pero a mí me gustaba lo franciscano. Así, cuando terminé en el colegio de salesianos continué mis visitas a Jesús que era donde mi madre me traía de toda la vida. Yo no distinguía ni capuchinos, ni menores... simplemente lo franciscano y por ello ingresé aquí. He estado por ahí los tiempos de formación, noviciado, primeros años de postulantado, primeros años de votos simples hasta que llegué aquí, hace ya más de 25 años.   

Háblanos sobre tu trabajo en Jesús.
Soy el sacristán. Mi trabajo abarca desde cuidar la iglesia, la Imagen, vestirla, adornarla, que esté siempre dignamente, según los tiempos y actos litúrgicos vestirla más o menos festivamente, la novena de Cristo Rey, la Cuaresma, la Semana Santa...

¿Qué supone para ti atender al Cristo?
Para mí atender al Cristo supone una gran satisfacción y una cosa que humanamente a veces nos despistamos un poco -si se puede decir así- de la importancia de lo que tenemos entre manos. A veces yo tengo que retroceder en la rutina, porque es una iglesia que tiene mucho trabajo si se quiere llevar bien, entonces a veces el tiempo y las muchas tareas te hacen precipitarte y no reparar como se debiera en lo que estás haciendo, pero sin perder el norte porque esto supone una gran responsabilidad. Yo siempre pienso cuando lo visto y sale a la procesión que lo va a ver mucha gente. Entonces me exige un esmero por lo que siento mucha emoción y gratitud porque, como muchas personas, personalmente le tengo que agradecer mucho. 

¿A qué se debe esta devoción tan grande?
Yo tengo una teoría muy sencilla. Si una cosa no te atrae, no te acercas. Cuando uno ve por primera vez la Imagen de Jesús y la observa, o la besa o le pide cosas... la perfección de sus rasgos, la belleza de la Imagen o esa majestuosidad que imprime, y eso te atrae. Yo he visto gente que ha venido por primera vez, nos dicen; “¡no lo conocíamos!” y enseguida vuelven cuando pueden, a veces de muy lejos porque les ha atraído y les ha enganchado. Otra cosa después es que les concede muchas gracias, que concede favores, la gente cuenta milagros y bueno, quienes estamos en la vida de la Iglesia, sabemos que los milagros son con mayúscula y los favores y gracias concedidas es otra cosa, ¿no?, pero yo en el tiempo que llevo aquí me han contado verdaderos milagros; curaciones, enfermedades malas o terminales y que de pronto por la Gracia de Dios pues se han curado y eso no se olvida. Yo creo que de ahí en parte viene tanta devoción. La gente se entrega por su atracción y de ahí ponen en sus manos todas sus necesidades. Él te subyuga con su imagen y su presencia y tú le devuelves tu oración.

Cuéntanos alguna anécdota Ángel.
Hay muchas, pero en una ocasión vino un padre joven con su hijo y me decía que estaban desesperados porque su hijo estaba en el hospital con leucemia y sin solución. Estamos en el hospital esperando que Dios se lo lleve. Mi mujer y yo hemos dejado el trabajo, el otro niño está con los abuelos y vivimos entregados junto a su cama. Yo le dije que no podía hacer nada pero te voy a dar un trozo de túnica de Jesús, se lo pones en la cama del hospital y si sirve de algo, al menos tú te llevas este consuelo. Se fue muy agradecido y yo quedé tranquilo porque uno a veces siente impotencia de no poder nada, simplemente escucharlos. Al cabo de un tiempo vino ese muchacho otra vez y me dijo; “¿No se acuerda usted de mí?, soy el padre de aquel niño para el que usted me dio un trocito de tela de la túnica”. Y yo, sin saber cómo hacerlo le pregunté por el niño. Me dijo; “Pues mire, por ahí está corriendo por la iglesia”. Se curó totalmente.

Hay muchas anécdotas. Unas porque la gente, llevada por la devoción te cuenta estas cosas y asume, pero otras veces las ve palpablemente, como he visto a ese niño o a otras personas que han venido malas, con una enfermedad cancerígena y me han dicho; “Estoy curada del todo”, y personalmente también podría contar alguna experiencia en ese sentido. A mí, no me gusta que a la Imagen de Jesús le pongan el cartel de “milagrero”, porque eso de los milagros es un poco complejo. Hay que ponerles comillas y tratarlos con mayúsculas.  

Ángel, ¿haces peticiones al Cristo?
Sí, por supuesto, todos los días me encomiendo a Él, con mis peticiones, mis cosas, mis necesidades, mi madre anciana, mi familia, todo lo que ocurre en la familia de un fraile ... pues tiene que ir al fraile, entonces muchas veces yo digo, "pero bueno, a ver cuándo me contáis alegrías.. oye, pide por esto, tú que estás cerca, pon una vela..." pero eso va con el cargo.. y sí, sí que le pido muchas cosas.

¿Algún sueño que tengas en relación con la devoción al Cristo?
Yo siempre he tenido ilusión porque fuese a la Catedral, porque en algún tiempo lo han querido desde el obispado, no sé si dentro del itinerario de su procesión del Viernes Santo, y este mes de octubre pasado nos lo propusieron y se hizo. Bien es verdad que a mí en principio no me pareció bien, me pareció un agobio, quizás un poco precipitado, pero luego me he alegrado porque ha sido una gran manifestación de fe y ha sido precioso porque mucha gente porque cuando sale en Semana Santa no lo pueden ver porque se van a sus sitios o sus vacaciones o sus días familiares y en octubre lo vio todo el mundo en la calle. Ha sido un sueño el que vaya a la Catedral, se le venere allí, venga de la Catedral aquí, ... ha sido todo un acontecimiento. Era un sueño.

 



 

¿Qué es lo que no se ha escrito sobre la Imagen?
Creo que se ha perdido un poco la devoción popular que tenía en sus tiempos. No es que la devoción de Jesús haya perdido importancia; tiene su importancia, viene muchísima gente, pero se ha perdido un poco, y no solamente aquí, la devoción popular, de venir a Jesús, las novenas, eso se ha cambiado por las exigencias de los tiempos y ahí, ahora hay un afán de sacralizar y de laicar, y ahí hemos perdido algo. Digamos que la gente viene más automáticamente. Por ejemplo; "necesito esto" y voy este viernes y el próximo... pero creo que se ha perdido mucho amor interior, del corazón a Jesús. Esto creo que ha pasado en general en todas las cosas de la Iglesia. Se ha perdido esa devoción popular con mayúsculas; "Voy a Jesús a pasar un rato con Él, a visitarlo, a frecuentar los Sacramentos"... una cosa que por ejemplo a mí nunca me ha gustado mucho, si se puede decir así, es que la gente venga, sí, a besar a Jesús, a hacer la fila, y luego por ejemplo no saludan al Santísimo que está en el Sagrario o ven algo en la iglesia, una novena por ejemplo y pasan de largo, porque su idea fija es besar el pie de Jesús y lo besan y se van. Como que se ha perdido un poco la importancia de lo esencial, que es la Eucaristía y es donde realmente está presente Dios, lo otro es una imagen bellísima que nos acerca a Él. Hay una cierta confusión entre lo que era la devoción popular de antes y la devoción actual que es más ligera.

Un mensaje para nuestros lectores de las revistas
Porque es muy necesaria, ayuda, que no se pierda el mensaje que los capuchinos seguimos y tratamos de llevar a cabo aunque a veces cuesta. Son revistas formativas. Yo apuntaría que fuesen sencillas de leer y de captar porque algunas personas, después de modificarse para bien, se les ha caído un poco de las manos en el sentido de que algunos articulos no entienden... que sea asequible, doméstica, y de bolsillo -sin perder su importancia y categoría y calidad de artículos mensajes y escritores- pero asequible. No hay que olvidarse que estas revistas las leen en casa personas mayores y gente sencilla.

Me gustaría decir que puede haber un ambiente pensando que no viene la juventud a la iglesia y a mí me molesta un poco porque yo veo muchos jóvenes en la iglesia, a lo mejor no se ven llenando los bancos pero a lo largo de los viernes que empieza la iglesia abierta desde temprano pasa bastante juventud. No podemos pretender que sea como en un campo de fútbol pero pienso que tenemos que ser un poco más esperanzados en el sentido de que no se acaba la religión porque hay pocos jóvenes. De hecho cuando hay algún movimiento el Papa llama y los jóvenes responden. 

Gracias Ángel

Zaragoza -San Francisco Fue la primera presencia de los capuchinos en Zaragoza después de la restauración.
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Los Hermanos Menores Capuchinos de España, llevamos un tiempo pensando en cómo orientar nuestra vida en un futuro cercano. En esa reflexión creemos que la minoridad es un elemento clave de nuestra espiritualidad, por eso le hemos dedicado varios encuentros de profundización y sensibilización.

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Aquí sobre la tierra, vivir es cambiar
Marzo es el mes del tiempo de conversión, la Cuaresma. Es insistente la interpelación que nos llega desde la naturaleza y desde la liturgia de la Iglesia. El título de este artículo es una parte de una reflexión del santo cardenal Henry Newman, una reflexión que hace suya el Papa Francisco: “Aquí sobre la tierra vivir es cambiar, y la perfección es el resultado de muchas transformaciones”. 
 
Francisco se apoyó en esta frase programática en su discurso a la Curia Vaticana del 21 de diciembre de 2019, con ocasión de la tradicional felicitación de Navidad. Precisamente este mes, el día 13, se cumple el aniversario de la elección de Jorge Mario Bergoglio como obispo de Roma y sucesor de Pedro.
 
Si miramos hacia atrás, en nuestra biografía personal, nos daremos cuenta de la verdad de la doble afirmación sobre la vida y el cambio. En las últimas décadas hemos sido testigos y actores, en formas diversas, de esta realidad en nuestra sociedad y en la Iglesia. En el discurso a la Curia Vaticana el Papa ha explicado su enfoque en la reforma de la Curia, que ha venido estudiando con el pequeño grupo de Cardenales (de los cinco continentes) desde el inicio de su pontificado. La reforma será efectiva cuando se publique la constitución apostólica “Praedicate Evangelium”, después de haber recogido las últimas aportaciones de la Curia y de las Conferencias Episcopales. 
 
Como subraya el Papa: “Hay que dejarse interrogar por los desafíos del tiempo, con discernimiento y coraje, en vez de dejarse seducir por la cómoda inercia del dejar todo como está”. Y destaca con fuerza a continuación: “A menudo sucede que se vive el cambio limitándose a ponerse un vestido nuevo, y luego quedarse como se estaba antes”, y cita una expresión de la novela “Il gatopardo”, de Giuseppe Tomasi di Lampedusa: “Si queremos que todo permanezca como está, todo debe cambiar”.
 
Esto no quiere decir que se tire por la borda todo lo bueno que la misma Curia Romana ha llevado a cabo en su historia. Hay que reconocer y valorar la vitalidad del camino recorrido, construyendo un futuro con bases sólidas, con raíces, para que sea fecundo y fructífero. Se habla de una memoria dinámica, no estática. Y esta reflexión es válida para la Iglesia en general, para las Iglesias locales y para las pequeñas comunidades cristianas. Para alcanzar un buen fin, hemos de atar bien la fuerza interior de los cambios de estructuras. No hay cambio sin más. Para que se dé y se mantenga vivo ha de vincularse a una profunda vida interior de las personas y de las comunidades, a una fuerte unión con Cristo y su Evangelio. La oración personal y comunitaria, que aviva la lectura y la escucha de la Palabra de Dios en la tradición de la Iglesia, sigue siendo el origen y el manantial de una conversión, que viene desde dentro hacia fuera. Y esto nos lleva a superar la tentación de la rigidez, “que proviene del miedo al cambio y termina diseminando el terreno del bien común con estacas y obstáculos, convirtiéndolo en un campo minado de incomunicabilidad y odio. Detrás de cada rigidez hay un desequilibrio. La rigidez y el desequilibrio se alimentan entre sí en un círculo vicioso”.
 
En este proceso de discernimiento ya se ha puesto en marcha progresivamente la reforma de los asuntos económicos, no sin dificultades, y mirando siempre a la trasparencia, como lo exige la misma cultura de hoy. En su discurso de Navidad Francisco apuntó algunas novedades de la organización de la Curia Romana, “como el nacimiento a finales de 2017 de la Tercera Sección de la Secretaría de Estado (Sección para el personal diplomático de la Santa Sede), junto con otros cambios en las relaciones entre la Curia Romana y las Iglesias particulares”, con la perspectiva de algunos cambios en la estructura de algunos Dicasterios o Congregaciones de la Curia Romana, en relación con las Iglesias orientales, el diálogo ecuménico y el diálogo interreligioso, en particular con el judaísmo.
 
La mirada al mundo de hoy, partiendo de la visión del Concilio Vaticano II, reafirmada en los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, ha llevado a una reestructuración de los llamados Dicasterios “históricos” o incluso a la creación de otros nuevos.
 
Hablando de la Congregación para la Doctrina de la Fe y de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, Francisco observa que “cuando se instituyeron, era una época en la que era más sencillo distinguir entre dos lados bastante definidos: un mundo cristiano de una parte y un mundo aún por evangelizar, por la otra”. 
 
Ahora no existe esta situación. Las poblaciones que aún no han recibido la proclamación del Evangelio no viven únicamente en continentes no occidentales, sino que viven en todas partes, especialmente en las enormes concentraciones urbanas que requieren un cuidado pastoral específico. En las grandes ciudades necesitamos otros “mapas”, otros paradigmas, que nos ayuden a resituar nuestras formas de pensar y nuestras actitudes: ¡ya no estamos en la cristiandad!”.
 
El impulso para una proclamación renovada del Evangelio de Jesucristo requiere un nuevo estilo y un nuevo lenguaje. El Dicasterio para la Comunicación (a cuyo frente se ha nombrado un laico) pretende responder a las nuevas necesidades, uniendo nueve cuerpos en los medios de comunicación del Vaticano, buscando “producir una mejor oferta de servicios en una cultura digitalizada”.
 
En esta misma línea se inscribe la creación del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que engloba el trabajo de los Pontificios Consejos Justicia y Paz, Cor Unum, Pastoral de los Migrantes y Agentes Sanitarios. 
 
La Iglesia está llamada a recordar a todos que no se trata solo de cuestiones sociales o migratorias, sino de personas humanas, hermanos y hermanas que hoy son el símbolo de todos los descartados de la sociedad globalizada. Está llamada a testimoniar que para Dios nadie es “extranjero” o “excluido”. Está llamada a despertar conciencias adormecidas en la indiferencia ante la realidad del mar Mediterráneo, que se ha convertido para muchos, demasiados, en un cementerio”.


Manuel Muñoz
Publicado en la revista "Capuchinos editorial" de marzo de 2020
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