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Un café con Jesús Mari Bezunartea

Un café con Jesús Mari Bezunartea

¿Quién es Jesús Mari Bezunartea?

Nací en un pueblo de la Provincia de Zaragoza: Uncastillo, que es una de las cinco villas del norte de la Provincia.
Mis padres, originarios de un pueblito más al norte todavía, Isuerre, se mudaron allí después de casarse, acabada la guerra civil. Supongo que el trabajo en el campo no ofrecía muchas posibilidades en esos años para formar una familia. Como en Uncastillo estaba un hermano de mi padre, comenzó a trabajar con él en una carnicería y al mismo tiempo pusieron una tienda de ultramarinos. Allí nació mi hermano mayor, un año después del traslado y dos años y medio después nacía yo. Desde muy pequeños ya fuimos a párvulos con las Hijas de la Caridad, que tenían un colegio en el pueblo. Dos años después de mí nació mi hermana, y dos años después mis padres decidieron regresar a Isuerre y dedicarse al cultivo del campo. Después, ya en Isuerre, nacieron mi hermano y mi hermana pequeños. La vida en ese pequeño pueblo de unos 350 habitantes, todos campesinos, era muy sencilla obviamente. Allí se nos unió mi abuela materna, que vivió con nosotros hasta su muerte, unos 20 años después. 

Los niños de los pueblos en aquel tiempo, fuera de las horas de la escuela, ayudábamos en algunos quehaceres de la casa: traer agua de la fuente pública, ir al huerto a regar o a recoger legumbres o verduras, atender a los animales, hacer mandados. Y los domingos todos a Misa, vistiendo de fiesta. 

A los ocho años hice mi primera comunión, y ya pude ser monaguillo, siguiendo el ejemplo de mi hermano mayor. En el pueblo teníamos un maestro para los niños y una maestra para las niñas.

¿Cómo llegas a la Orden Capuchina y cuáles son tus primeras tareas?

A pocos meses de cumplir los 10 años, un Capuchino, encargado de las vocaciones en Sangüesa, llegó a la escuela y nos habló de la vida de los Capuchinos. Después de la plática preguntó quiénes querrían ser capuchinos y fuimos dos los que levantamos la mano. Al otro niño, un poco mayor que yo, sus padres no le permitieron ir. En mi caso, mis padres me dieron todo el apoyo desde el principio, pues ya antes habían cultivado en la familia la vocación entre nosotros, sobre todo porque yo desde más niño había manifestado mi deseo de ser sacerdote y capuchino. Y es que recién llegados al pueblo, cuando yo tenía cuatro años, llegaron dos Capuchinos –P. Ángel de Úcar y P. Gumersindo de Pamplona- a predicar una Misión. Y para mí fue el encuentro primero con los Capuchinos, que ciertamente me causaron una impresión imborrable, que la fui cultivando durante los siguientes seis años, ya que otros padres capuchinos llegaban a celebrar y predicar en diferentes ocasiones y un hermano laico venía a pedía limosna y los niños lo acompañaban a llevar la cesta.

Los cinco años del seminario menor fueron años muy felices, aunque de un gran contraste con mi vida anterior. Sin embargo, nunca pensé en que ese no fuera mi camino y mi lugar. Las charlas de los misioneros iban despertando en nosotros el ideal misionero; las fiestas en el seminario suplían con creces lo que ahora buscamos en la televisión o en otros espectáculos. Estudio, vida espiritual y convivencia constituían el tripié de nuestra vida. Los años del seminario menor no fueron tan fáciles, pues había que crecer y madurar en todo: madurez humana y madurez de ideales. Afortunadamente los formadores y directores espirituales eran una fuerza y ayuda necesaria y valiosa en todos los años de la formación. El año noviciado fue especialmente difícil por diversas razones y condiciones en que se desarrollaba ese año, tradicionalmente conocido como año de prueba. Después, quedaban cinco años de formación teológica, cuatro hasta la ordenación  y uno de teología pastoral después de ésta. Durante este año precisamente tuve la oportunidad de iniciarme en la labor pastoral de la catequesis en Ejea de los Caballeros, a donde me trasladaba desde Tudela, todos los sábados para ayudar en la pastoral del domingo. También tuve la oportunidad de ser asistente espiritual de la fraternidad de la Orden Franciscana Seglar de Ejea. 

Háblanos de tu vida misionera.

Apenas acabado este año de estudio y práctica pastoral, me dieron mi primer destino en la vida capuchina “real” en Filipinas, donde se comenzaba a fundar la Orden y donde un buen grupo de hermanos jóvenes de nuestra Provincia capuchina trabajaban en colegios y parroquias. Por ello, después de mi llegada –el 2 de julio de 1968- a la ciudad de Quezon, donde estaba la casa principal, sede la Custodia, me dediqué durante medio año al estudio del inglés y un mes al estudio del tagalog, que fue interrumpido para ocupar el primer cargo de responsabilidad como administrador del colegio de Quezon City, con una plantilla de unos 150 empleados, mayoría cuerpo docente. Allí pasé 7 años, en los que, además de administrador ecónomo, atendía la oficina de asesoría psicológica y coordinador de la enseñanza religiosa. 


A los dos años de llegar a Filipinas, fui nombrado consejero del Custodio (Superior mayor de los Capuchinos), y también secretario personal del mismo. Fue un servicio un poco duro, pues en aquellos años hubo varios hermanos que dejaron la Orden o dejaron la Custodia y había que tramitar sus permisos.
 
Después de esta experiencia pastoral educativa, me nombraron Párroco y Guardián (superior local) de la comunidad. La Parroquia, bajo la advocación de Nuestra Señora de Lourdes, contaba con unos 100,000 habitantes, dividida en dos zonas principales, una de gente de clase media baja y pobreza y la otra de clase media alta y ricos. La iglesia era sede de la Cofradía de nuestra Señora de Lourdes, en la actualidad Basílica de la Archicofradía Nacional de N.S. de Lourdes; la novena para su fiesta reunía miles de feligreses sobre todo para la Misa de bendición de enfermos y la procesión de penitencia. Una pequeña anécdota en esta parroquia fue que, como íbamos a celebrar Misa en las calles de la zona más pobre, la esposa de quien se presentaba para alcalde de la ciudad uno de esos años, vino a la oficina parroquial pidiendo que un domingo celebráramos la Misa cerca de su casa. Intuyendo que su intención era hacer propaganda para la candidatura de su esposo, le dije que no. Y ella, sorprendida y molesta por mi respuesta, me dijo: “Usted solo quiere atender a los pobres”. Y yo, muy tranquilo ante aquel golpe halagador, le respondí: “Gracias, señora, por el cumplido”. 

Y a las pocas semanas de haber sido nombrado párroco se presentaron en la parroquia, tres catequistas de las comunidades neocatecumenales, tres españoles, a quienes no presté atención cuando los vi en la sala de espera, pues me parecieron personas extrañas. (En general, en Filipinas se ve poca gente blanca, y la mayoría eran religiosos/as o turistas). Después de un buen rato, la secretaria me dijo que esas tres personas me querían ver. Con cierta incredulidad sobre qué estarían buscando los recibí en la oficina. Uno de ellos –Jesuita- creo que quiso ganarse mi simpatía diciéndome: “Creo que te vi en Madrid”, a lo cual le respondí en el mismo todo de broma: “no creo, yo tengo cara standard, me confundirás con alguien”.



Consultada la comunidad capuchina, demos inicio al Camino Neocatecumenal, y debido a la diferencia cultural de la parroquia, abrimos dos centros de catequesis: uno en inglés en la cabecera y otro en tagalog en uno de los barrios de nivel popular. La asistencia en ambos centros fue un éxito y se formaron dos comunidades. Esto me hizo ver que mi ministerio estaba muy mermado al no poder ejercer el ministerio en tagalog. Así que acabado el trienio, pedí el traslado a nuestra parroquia en provincia, donde me viera obligado a la práctica del tagalog. Y es que en Filipinas, mientras solo hables el inglés te miraban como extranjero.

Así que pronto me trasladé a Tagaytay, la ciudad en la que desde antes de la guerra se habían establecido los Capuchinos y regentaban la única parroquia, también bajo la advocación de N. S. de Lourdes, y entonces sede de nuestra casa de formación de filosofía y teología.  Desde el primer día, mi ministerio fue en tagalog, de manera que una feligrosa española, religiosa Teresiana, me decía más tarde: “Cómo sufrí al principio al oírte celebrar la Misa en tagalog”. Durante tres años desempeñé ese ministerio en dicha ciudad bajo la máxima de evangelizar, que luego fue reforzado por el inicio de las comunidades catecumenales en uno de los barrios más numerosos. Esta ciudad –y por tanto, la parroquia- estaba constituida por unos 25 barrios, que eran como nuestros pueblos en España, todos de varios cientos de habitantes, que en la mayoría contaban con su capilla, donde celebrábamos la Misa todas las semanas. 



Estuve muy contento en este ministerio y contaba con la ayuda de otra comunidad capuchina, dentro de la misma ciudad, a unos dos km de la nuestra. Éramos en total unos seis sacerdotes, más los estudiantes, que trabajábamos en la pastoral de la ciudad. Aquí tuvimos que dar la cara por los vendedores de fruta, que es una de las fuentes de trabajo de muchos en la ciudad, por ser un lugar de turismo. Por esta razón, el gobierno local estaba proponiendo reubicar a los vendedores fuera de las orilla de la carretera, lo cual iba a disminuir notablemente su negocio. Así que acudieron al párroco en busca de ayuda. ¿Qué hacer? “Solo ante el peligro”. Pedí una cita con el alcalde y le presenté el problema; el me confirmó el plan, a lo que me atrevía a decirle que los capuchinos estábamos del lado de la gente y que tendrían que pasar sobre nosotros para implementarlo. Viendo nuestra determinación, decidieron no implementar el plan.

Al cabo de los tres años, sintiendo que ya tenía control de la lengua, pedí ser trasladado a otro lugar y me lo concedieron, esta vez a la ciudad de Manila, nombrándome párroco de nuestra parroquia de San Antonio, en la zona popular de Singalong, donde tendría la oportunidad de ejercer el ministerio en tagalog y en inglés.

Pero, se interpuso la obediencia y el Provincial me invitó a ir a México, dándome a elegir ser formador de frailes o de las Capuchinas. Como no tenía experiencia en la formación, elegí trabajar con las Hermanas Capuchinas, así que en agosto del 1982 volé cruzando el Pacífico hasta México, donde me recibieron tres frailes amablemente. 

Mi vida ya no fue tan misionera los años siguientes pues hasta el año 1991 estuve dedicado a tiempo completo a la atención a las Hermanas Capuchinas, aunque de 1995 a 1997 estuve en Roma y cursé la Licencia en Teología espiritual, especialidad en espiritualidad franciscano-clariana, hasta el 2007 cuando fui nombrado párroco de nuestra parroquia de la Inmaculada en la ciudad de México, una parroquia parecida a la que había tenido años atrás en Manila-Quezon City, dividida en una zona de clase media alta y otra zona de clase media baja y pobre. Fui una experiencia muy enriquecedora, con la prioridad centrada en la evangelización de los barrios, que llenaban el mayor número de los 50,000 habitantes de la parroquia. Los últimos años tuvimos el privilegio de ser iluminados y animados por la exhortación apostólica El gozo del Evangelio, que nos marcó nuevas líneas y mayor urgencia en la tarea evangelizadora con los laicos.

¿Qué cargos ocupas en la Orden? ¿Alguna anécdota?

Modestia aparte, como se dice, a lo largo de los 56 años de vida capuchina y 52 de sacerdocio he tenido la oportunidad de desempeñar distintos servicios, desde Guardián y Viceprovincial y Consejero Viceprovincial hasta formador de novicios y postnovicios en el ámbito religioso, y párroco y Asistente de las tres Federaciones de Capuchinas en México, y los últimos dos años como Director del Centro de Cursillos en Dallas, Tx., en el ámbito pastoral.


Anécdotas supongo que muchas, pero ahora se me ocurre una: Mientras estaba en un pueblito de México, como maestro de novicios, me tocó ir a otro pueblito pequeño –rancho, como les dicen allá a los que no son municipios- entre semana a celebrar la misa de un aniversario de un difunto y como yo nunca he conducido coche, cuando no podían llevarme, me iba en transporte público, lo cual suponía a veces caminar el último tramo para llegar al lugar; una de esas ocasiones, llegué al rancho BocaNegra –si no recuerdo mal- y el autobús me dejo a medio km de la capilla, aquí que caminé y la capilla estaba cerrada todavía; al rato llegó el sacristán pidiendo disculpas por hacerme esperar y diciendo que como no había visto llegar el coche, no se había dado cuenta. Yo le dije es que yo no conduzco así que vengo en transporte público: yo soy un Padre pobre, le dije, y él me respondió muy inocentemente: ah, bueno, no sabía que usted es un pobre Padre.

En la actualidad, ¿qué tareas desempeñas?

En la actualidad, mi trabajo pastoral principal es como coadjutor en nuestra parroquia de San Francisco en Zaragoza, mientras me adapto al trabajo pastoral en España, después de 48 años de ausencia. Como es un trabajo que me ocupa poco tiempo, sigo trabajando a través de los medios de comunicación con dos programas por radio en México. Uno de los ellos, en una radio laica, lleva por título general Caminos de paz y desarrollo temas diversos, tanto de tipo humano y social como de tipo religioso. En la actualidad trato una serie de valores humanos y cristianos. En la otra radio, que es católica, trato temas religiosos bajo un tema general: Seguidores del Camino, y en la actualidad trato tema de carácter evangelizador, que cada semana se suben a Youtube, y tiene muy buena audiencia. Cada día publico en Facebook una breve homilía de 5 a 10 minutos, que tiene un número  promedio de 60 oyentes diariamente. También durante varios meses he estado mandando un video de 3-4 minutos cada semana a la Orden Franciscana Seglar en México, explicando su Regla. Es un clip en un programa de la OFS en la Diócesis de Celaya.

Además, en los últimos meses –de septiembre a abril- he dado varias semanas de ejercicios espirituales y retiros a comunidades religiosas, tarea en la que trabajé muchos años en México.

 


También sigo escribiendo, y en la actualidad tengo dos libros en una editorial mexicana, que me ha publicado varios hasta ahora, aparte de colaborar en El Mensajero de San Antonio desde hace una docena de años. 

Los libros que me han publicado hasta ahora varias editoriales mexicanas, entre ellas San Pablo, son de carácter pastoral y de espiritualidad, dirigidos a la gente normal, digo yo. Dejé de lado el estudio crítico, ya que el ministerio en que he estado comprometido durante casi toda mi vida sacerdotal ha sido dirigido a gente de la parroquia, y a formandos capuchinos y capuchinas. Por esta última razón, también publiqué dos libros sobre la Regla de San Francisco y de Santa Clara respectivamente, y últimamente sobre las Oraciones de Santa Clara y las Oraciones de San Francisco, este último en proceso de publicación.

Te vemos a menudo en Facebook ¿Te gustan las nuevas tecnologías?
Lo puedes suponer por lo dicho. Pero yo creo que ya no es cuestión de si te gustan, creo que son un medio muy eficaz de catequesis, formación religiosa y evangelización hoy en día, pues son miles de personas los que acuden a estos medios para ilustrarse sobre estos temas. Por ejemplo, el último tema publicado sobre Liberación de los ídolos de la religión, lo has escuchado 730 personas, el anterior en 2 semana ha tenido 88 oyentes y otro de hace 4 meses ha tenido más de 1,000 oyentes.

A parte, son un medio a través del cual se puede dar asesoría espiritual y humana a personas que no se acercan a nosotros o no tienen a nadie a quien confiar sus inquietudes, sus dudas, sus penas. Más de una vez me han pedido confesión a través de alguno de estos medios y para quienes no están familiarizados con los sacramentos el hecho de contar sus inquietudes interiores con alguien como un sacerdote, les es suficiente.


¿Crees que se han perdido valores en la sociedad?

De 50 años a esta parte, en general, no solo en la sociedad española sino también en otras, particularmente urbanas, se han perdido muchos valores. Las causas para mí son cuatro: la promoción de la democracia a nivel político, pero mal entendida, puesto que mucha gente entienden democracia como mi derecho a tal y cual y cual, pero se olvida de que la otra persona junto a mí también tiene derecho a tal y cual y cual; la otra causa es el resquebrajamiento de la vida familia a través de los divorcios, separaciones, madres solteras y la falta de presencia de los padres en casa por razón de sus horarios laborales; la tercera es la secularización, fruto de la pérdida de los valores religiosos, que nos inculcaron de niños, pero se han esfumado y menospreciado por la influencia de la sociedad urbana y los medios de comunicación; y la cuarta son los medios de comunicación, que han hecho del mundo una “aldea global”, donde los jóvenes son adoctrinados en los modos –no precisamente valores- de conducta actuales, que hacen que los jóvenes, sobre todo, se dejen guiar más por estos criterios mediáticos que por los recibidos en sus familias.

¿Ves diferencias entre la religiosidad en la misión y en España?

Bueno, la diferencia de religiosidad sería más bien entre España (Europa inclusive) y los países de otros continentes, concretamente países latinos. Por una parte, en la mayoría de los países latinos hay una fuerte religiosidad cristiana, que encuentra su expresión principal en la piedad o religiosidad popular. Aunque en ciertos ambientes sociales de la clase burguesa, el tema religioso no se toca en público, sin embargo, esta parte de la sociedad es bastante religiosa, sobre todo las señoras, que participan en obras benéficas de nuestras parroquias y se apuntan a las conferencias que traten temas de cierto misterio trascendente. La clase media, por así decir, es la más numerosa dentro de los proyectos parroquiales y la clase baja o pobre son los que mantienen un sentido más fuerte de religiosidad, pero muy conservador y a veces fanático. En resumen, el tema religioso es un tema familiar para el pueblo cristiano latinoamericano. 

Mientras que en España la mayoría de la gente que frecuenta nuestras iglesias ya pasan de los 60 años, en estos países, la mayoría están entre 40 y 70 años y los jóvenes en las grandes ciudades se quedan en un 10 ó 15 % de los asistentes. Una excepción es Filipinas, país religiosamente, y hasta cierta medida culturalmente, latino, donde la mayoría de la gente que participa en actividades religiosas son menores de 60 años y un gran porcentaje, diría que como un 30 ó 40 % son gente joven.

Aunque la secularización pon los medios de comunicación también va influenciando muy fuerte en estos países, creo que  una diferencia importante es que se está llevando desde hace un par de décadas un fuerte trabajo de evangelización y todavía hay grupos o movimientos laicales fuertes que están empeñados en esta labor. Inclusive los latinos que van emigrando a Estados Unidos están ejerciendo una influencia religiosa muy fuerte en los Estados donde son numerosos, como, Florida, Texas, Nuevo México, California, Colorado, Nueva York, etc. Por ejemplo, todos los Obispos de Texas -14 diócesis- son bilingües y la diócesis del mundo con más porcentaje de católicos es McAllen en el sur de Texas, con más de un 90% de católicos. En estos ambientes de latinos de Estados Unidos se está trabajando mucho en la evangelización con la familia y con los jóvenes por medio de grupos y Movimientos eclesiales.

¿Algún reto actual?

En España creo que hay varios retos importantes. Uno de ellos es comprometerse en una pastoral evangelizadora, dejando en segundo lugar la pastoral sacramentalizadora. Otro reto es la familia; allí donde acude gente joven, matrimonios jóvenes, a la iglesia, hay que presentarles una imagen diferente de Dios y de la iglesia de la que han recibido de sus mayores. Otro reto es que los cristianos en general no nos avergoncemos de aparecer como tales, aunque se sigan a veces consecuencias de insultos o provocación, como cuenta hoy el periódico de un grupo de cofrades de Valladolid, que fueron insultados por un grupo de republicanos al regresar de su procesión. Es tiempo de un testimonio valiente y evangelizador. Si hoy día, todo grupo social y político tiene derecho a manifestarse, también los grupos religiosos. En ese sentido las procesiones de Semana Santa son un valor que, aunque tengan un porcentaje de espectáculo y turismo, ponen a la vista de todos los símbolos religiosos, que se tiende a arrinconarlos.

Estás trabajando en un nuevo libro

Estoy trabajando en varios, porque para mí escribir es un placer y un desahogo espiritual y pastoral. Próximamente, la editorial de Capuchinos en España publicará Oraciones e Himnos de San Francisco y en México están en proceso de publicación otros dos libros sobre valores humanos y religiosos.

Un mensaje para nuestros lectores.

Mi mensaje es que aprovechen la formación que les tratamos de dar en nuestras revistas para fortalecer su fe y para actualizarse, y así poder dar un testimonio amable y respetuoso de su fe a quien lo necesite y lo quiera en particular, y, en general, a todos los que viven en nuestro entorno con nuestra vida,  reflejo en mayor o menor medida de la vida de Jesús y de Francisco de Asís, ya que nuestro lema franciscano – Paz y Bien- es tan actual como siempre lo ha sido.

Gracias Jesús Mari...

 

Entrevistas:

Un café con Jesús Mari Bezunartea Enrique Guevara Pérez. El Cristo de Medinaceli y su Archicofradía Miguel Ángel Izquierdo Antonio Valiente. Corresponsal de Capuchinos Editorial Paloma Sánchez. Voluntaria en SERCADE Juan Antonio Estrada, catedrático emérito de filosofía Vicente Castel. Misionero capuchino en Cuba Juan José Murcia Tudela, misionero Capuchino en Colombia José Ignacio Calleja. El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca. Félix Bohórquez, misionero capuchino en Guinea Ecuatorial
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