Benjamín Echeverría

Benjamín Echeverría

¿Quién es Benjamín Echeverría?

Soy un fraile capuchino de 52 años. Nací en Arróniz (Navarra) en 1967. Soy el segundo hijo de una familia de cuatro hermanos, tres hermanos y una hermana. Los primeros años los pasé en Arróniz, lugar al que vuelvo siempre que puedo, aunque sean visitas rápidas y cortas para ver a la familia. Me considero de pueblo y de campo, pues me crié en un medio ambiente rural y pastoril. 

¿Cómo llegas a los Capuchinos?

Los primeros estudios los realicé en el colegio de Arróniz. Para la segunda etapa de EGB fui al seminario capuchino de Alsasua. El BUP y al COU en el Instituto Benjamín de Tudela de la capital ribera. Tengo un buen recuerdo de aquellos años en los que convivimos chicos de distintos pueblos y regiones, lo cual nos permitió abrirnos a una realidad más amplia del propio pueblo de que habíamos salido. Tengo un buen recuerdo de los profesores, tanto de los frailes como de los del instituto de Tudela. Nos trasmitieron sus conocimientos, pero también nos ayudaron a plantearnos la vida, a interrogarnos y cuestionarnos sobre nuestro propio futuro.  

A partir de COU empiezo a ver la posibilidad de entrar fraile y comencé el proceso de formación como capuchino. Estudié la filosofía en Pamplona, el noviciado en Estella(allí profesé temporalmente en 1988), la teología en Vitoria ( hice la profesión perpetua en 1991) y dos años de especialización bíblica en Deusto. 

Los primeros años de fraile los pasé en las fraternidades de formación capuchinas de Vitoria y de Estella, donde me ordené de sacerdote en 1995. Esta última se convirtió en la casa de noviciado para las cuatro provincias capuchinas de España que nos unimos en una sola en el 2011. De Estella fui destinado a Logroño, donde colaboré en la parroquia de Valvanera y en el Colegio Rey Pastor como profesor de religión a 3º y 4º de la ESO. Después de estar seis años en Logroño, en el año 2002 fui elegido provincial de la provincia capuchina de Navarra-Cantabria y Aragón. Al finalizar fui destinado a Hondarribia como párroco de nuestra parroquia de san Francisco de Asís. En abril de 2011 nos unimos las provincias de Capuchinos de España, excepto Cataluña. Fui nombrado provincial de la nueva Provincia y desde entonces estoy en Madrid, en la fraternidad de Jesús de Medinaceli, sede de nuestra curia provincial. 

En todo este tiempo tengo la conciencia de que, el haber vivido en distintos lugares, realizado tareas tan diversas, visitado a nuestros misioneros en otros países  y haberme relacionado con frailes y gentes de otros lugares del mundo ha sido un enriquecimiento para mí. 

Háblanos de tu experiencia como provincial en estos años de la unificación de los capuchinos.

El haber formado parte de la fraternidad del noviciado en el trienio 1993-1996 y de otras comisiones interprovinciales a partir de entonces hizo que conociera lugares y frailes de las otras provincias. Cuando comenzamos la nueva Provincia eso facilitó bastante, pues no era un empezar de cero. Sí que es verdad que aun siendo todos capuchinos veníamos de cuatro tradiciones provinciales o provincias distintas, cada una con su peculiaridad. Muchas de estas diferencias las hace el lugar y el carácter distinto de las gentes de las variadas regiones españolas. 

Durante estos años hemos tratado de crear un estilo común desde el que vivir como capuchinos. Ha habido que crear una estructura organizativa a distintos niveles. La tarea mía como provincial nunca la he sentido como si yo tuviera que decir lo que tienen que hacer los demás, sino ser capaz de contactar con unos y otros para que juntos fuéramos capaces de crear  y de proponer  un estilo desde el que funcionar. Nuestra tarea como capuchinos no ha estado enfocada a centralizar, sino a coordinar los proyectos fraternos, pastorales, editoriales y sociales que llevamos entre manos. Hemos estado atentos a las necesidades que nos planteaban desde otros países, pues los capuchinos hemos dedicado a lo largo de la historia muchos hermanos y recursos a la labor misionera fuera de este país. 

¿Qué dificultades ha tenido la gestión a nivel global de la provincia?

No es ningún secreto decir que cada vez somos menos frailes en España y de más edad. Una de las dificultades viene precisamente del envejecimiento y disminución de los failes. Esto nos lleva a un replanteamiento de las cosas y tareas que llevamos entre manos. Por eso hemos tenido que tomar decisiones de cierre de casas que siempre crean dolor para quienes están ahí y para quienes viven su fe cercanos o implicados con nosotros.

Esta dificultad hace que estemos más abiertos al trabajo con los laicos. Es cuestión de crear estructuras y proyectos comunes en los que trabajemos juntos. Lo hacemos por necesidad y también por el convencimiento de crear otro estilo de Iglesia, en la que los seglares tengan más responsabilidades.

¿Qué nos dices sobre la enseñanza en los colegios capuchinos?

A los Capuchinos no nos identifica una tarea concreta. Tenemos una serie de tareas distintas y una de ellas es la enseñanza. Actualmente tenemos siete colegios en España con sus características especiales. En otros tiempos, cuando los frailes abrían un convento en un lugar tenían una pequeña iglesia y una pequeña escuela, de barrio.  Ahí era donde se asentaban, en los barrios periféricos. El paso de los años y el desarrollo y crecimiento de las ciudades nos ha llevado a quedarnos en el centro de muchas de ellas. 

Durante estos años hemos insistido en la importancia que tienen los  laicos en la gestión de nuestras obras. Por eso en los colegios son directores seglares quienes están al frente de ellos. Creemos que la labor de los frailes está más orientada a la pastoral que a la gestión de los mismos. Hemos querido que el colegio y la parroquia funcionen juntos, como una única realidad pastoral. Se han dado pasos, pero hay que seguir avanzando. Respecto al tipo de alumnos que tenemos, si la fraternidad y la cercanía forman parte de nuestros valores, también nuestros colegios han de caracterizarse por la acogida y cercanía a todos, especialmente a los de menos recursos.

¿Qué es SERCADE y qué retos tiene?

SERCADE responde a las siglas de SERvicio CApuchino para el DEsarrollo y la Solidaridad. Es nuestra ONG y desde ella tratamos de coordinar nuestra acción social, tanto en España como en los lugares de misión en los que continuamos presentes: Ecuador, México-Texas y Venezuela. Todavía hay misioneros de nuestra tierra en estos países. En otros tiempos, la Órdenes Religiosas funcionábamos como ONGs y últimamente hemos creado las propias. La nuestra es SERCADE. 

En estos años nos hemos abierto más y apostado por el trabajo con los migrantes. Es una realidad dura, uno de los signos de los tiempos al que hay que hacer frente. Los ancianos, los niños y los migrantes son los ámbitos en los que desarrollamos principalmente  nuestra acción social. De hecho, cuando en estos años hemos cerrado algún convento, lo hemos dedicado a proyectos sociales que tiene que ver con la acogida a estos colectivos. 

Cada grupo religioso o congregación tenemos nuestras características. Los Capuchinos no solemos tener grandes estructuras, sino que tenemos que salir al frente de las necesidades de manera sencilla. Por eso los proyectos que tenemos no tienen que ser desproporcionados, sino gestionados con frailes, trabajadores y voluntarios desde el deseo de llegar sobre todo a las personas concretas. Uno de los retos que tenemos es que los proyectos que llevemos tengan más repercusión en el lugar donde están y seamos capaces de sensibilizar a las personas en la ayuda a las demás.

En cuanto a las publicaciones ¿se ha cumplido el objetivo principal de unificación, información franciscana y proyección evangelizadora?

Creo que sí. En la tradición española los Capuchinos publicaron una serie de revistas en torno a la figura concreta de un santo, como lo ha sido San Antonio de Padua o Fray Leopoldo de Alpandeire, o a una devoción particular, como las Tres Avemarías o el Cristo de Medinaceli. Al inicio de la Provincia tuvimos que reestructurar este tema. Es verdad que muchos de nuestros suscriptores lo son por tradición, en el sentido de que su madre recibía siempre la revista y quieres seguir recibiéndola. Para nosotros es un medio sencillo de evangelización y de hacernos presentes en las casas de muchas familias. Es una manera de dar a conocer las obras sociales y la solidaridad que hacemos. De hecho los donativos que recibimos a través de las revistas nos ayudan a mantener los centros sociales y a colaborar con proyectos misioneros. 

 

 

¿Cuál es el recuerdo más satisfactorio que te llevas de estos años de provincial?

Al Provincial no le llegan solo  los problemas, sino también las satisfacciones. Estas tienen que ver siempre con los encuentros. Encuentros con personas de diferentes lugares, razas, culturas… en diferentes situaciones. En mi corazón guardo también muchos de esos buenos momentos felices que indican el acierto en las decisiones tomadas. 

Entre estos, y por no poner a nadie en evidencia, prefiero citar el encuentro que tuvimos en el último Capítulo General en Roma con el Papa Francisco. Saludar al Papa de manera personal es una experiencia inolvidable. Recuerdo lo que nos dijo a los Capuchinos de forma espontánea: Que mantengamos nuestra cercanía a la gente. Que seamos hombres de reconciliación y no sólo en el confesonario. Que seamos personas de oración sencilla. Este es un buen recuerdo y ojalá que, allí donde estemos, acertemos a llevarlo siempre a la práctica. 

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