Solos en medio de la gente

Hoja para inquietos

Solos en medio de la gente

Resulta increíble la cantidad de personas que se sienten solas y que se ven obligadas a tragarse sus propias penas y preocupaciones sin que nadie se entere y sin que a nadie le importe nada. Todos los seres humanos necesitamos ser reconocidos y tenidos en cuenta. Sentirse valorados y queridos es la necesidad mayor
para los humanos. Quizá no exista dolor más grande que el desamor y la indiferencia de quienes nos rodean.

La experiencia de “no ser nadie” para los demás es como una losa que nos paraliza y nos anula. Sorprendentemente suceden estas cosas en la época de los grandes avances y de los espectaculares medios de comunicación que la sociedad pone a nuestra disposición. Da la sensación de que todo el mundo habla y de que nadie escucha a nadie. Todos queremos tener razón. Todos queremos enseñar, opinar y hablar sin descanso. No es posible escuchar sin antes hacer el vacío, por el momento, de nuestras propias opiniones y convicciones, aun de las convicciones morales y religiosas, y a continuación, intentar meterse de lleno en la situación y en la piel de la otra persona, sin actitud de juzgarle, con un respeto sincero. ¿Cómo me sentiría yo si estuviese en su situación y si hubiese vivido su propia historia personal?

Y cuando uno se siente escuchado, entonces experimenta en su interior que de verdad es alguien, que es importante y que merece ser reconocido y querido. Esta experiencia es la que puede producir el cambio, hacer crecer y sanar, incluso a la persona.

Jesús en el evangelio es el gran maestro de la escucha, porque es al mismo tiempo el gran maestro del respeto, de la comprensión y del amor. No son precisamente las deslumbrantes ideas quienes mueven al mundo, sino las existencias positivas y los sentimientos nobles. Jesús nos insiste en que ser cristiano es amar, comprender, sentir, compasión y perdonar. Por eso antes que ser buen cristiano, sé simplemente una buena persona… Dios prefiere tu bondad antes que tu fe.

¿No sería otra la situación del cristianismo en nuestra sociedad, si los cristianos fuésemos maestros de la escucha y de las gentes sencillas, pero grandes, actitudes verdaderamente humanas que el Evangelio nos propone?

Gerardo Solas, capuchino

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