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12/05/2018 Reconocimiento a José Luis Ansorena, el músico que avivó la llama de la cultura vasca en los 60

El lehendakari preside en Errenteria el acto de homenaje a José Luis Ansorena, fundador del Archivo Vasco de la Música-Eresbil, con motivo de su 90 cumpleaños

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Oración del Jueves 24 de mayo de 2018
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VIII Congreso ESEF -Halil Bárcena

"Valores fundamentales de la mística sufí", ponencia de D. Halil Bárcena (Institut d'Estudis Sufis) en el VIII Congreso de la Escuela de Estudios Franciscanos.
Aquí puedes ver completa su intervención.

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Al habla con Jesús Rojano, director de la revista Misión Joven.
Nací en Madrid en 1962. Viví hasta a los cinco años en una calle del centro de Madrid, cerca de Callao y Gran Vía, muy cerquita del Teatro Lara, situado en la Corredera Baja de San Pablo. Después nos trasladamos al barrio de Campamento y comencé la Primaria (en seguida llamada EGB) en el Colegio Salesiano del Paseo de Extremadura. Desde allí fui al seminario menor de los salesianos que estaba en Arévalo (Ávila). Profesé como salesiano a los 18 años en 1980 y, tras estudiar teología en Madrid, fui ordenado sacerdote en junio de 1990.
 
Mis primeros 20 años de actividad pastoral como sacerdote los pasé en diversos colegios y centros juveniles de Madrid, sobre todo en los barrios de Atocha, Estrecho y Paseo de Extremadura.
 
He estudiado Magisterio, la licenciatura en Filosofía y obtuve el doctorado en Teología Pastoral en enero de 2012, con una tesis sobre Gianni Vattimo y la relación entre fe cristiana y cultura posmoderna, defendida en la Universidad Pontificia de Salamanca. 
 
Desde septiembre de 2012 dirijo la revista Misión Joven de los Salesianos de España, que pertenece al Centro Nacional Salesiano de Pastoral Juvenil, con sede en Madrid.
 
Actualmente doy clase en el Instituto Superior de Pastoral de Madrid, perteneciente a la Universidad Pontificia de Salamanca. También doy clase de Teología-DECA en el CES Don Bosco, en concreto en Magisterio de Primaria y Educación Infantil, una asignatura cada dos años en el Instituto Ciencias Catequéticas San Pío X.
 
Recientemente tuve la oportunidad de escucharle en una conferencia en la que expuso, entre otras cuestiones, el distanciamiento cada vez mayor entre fe, sociedad y cultura. Me gustaría que nos explicara ¿Qué está pasando en nuestra sociedad?
¿Es dramática la ruptura entre Evangelio y Cultura que ya anunciara Pablo VI? …
Esta famosa frase de Pablo VI en Evangelii nuntiandi, escrita en 1975, se ha ido cumpliendo, indudablemente, en nuestra sociedad. Las diversas encuestas sociológicas van constatando el declive de la práctica religiosa y del número de creyentes cristianos. Entre los jóvenes lo viene constatando las últimas encuestas, por ejemplo, de la Fundación Santa María, la última  presentada hace pocos meses.
 
Ahora bien, hay que recalcar que esto se cumple “en nuestra sociedad”, en concreto en Europa Occidental, y de modo muy rápido en nuestro país. Pero la secularización no ha seguido en el resto del mundo el camino y ritmo imparable que pronosticaban los sociólogos en los años 60 y 70. Estos de acuerdo con lo que vienen diciendo autores como Peter Berger en su libro “Los numerosos altares de la modernidad” y Charles Taylor en su monumental obra “La era secular”. En la mayor parte del mundo actual no ha llegado la secularización total, sino un gran pluralismo de opciones religiosas y no religiosas. Él habla del “efecto nova”: la fe que se limitaba a las grandes iglesias o religiones tradicionales ha estallado en multitud de posibilidades religiosas y espirituales. Como dice Taylor, hoy la fe cristiana es una opción entre otras muchas, ya no es camino único para todos los que busca una espiritualidad. Antes “se recibía la fe y ya está”, ahora –suele decir Berger– es un asunto que se decide personalmente, se elige, se opta… 
 
Además, como describe bien la socióloga francesa Danièle Hervieu-Léger en su libro “La religión, hilo de memoria”, un problema para la transmisión de la fe cristiana es que en nuestra sociedad se da un fuerte fenómeno de ruptura de la cadena de recepción de tradiciones culturales y espirituales. Hace décadas un niño o niña nacido en España se educaba y socializaba como católico habitualmente, a través de lo que recibía en su familia, en la escuela y en su parroquia. Hoy esas cadenas se han roto y la iniciación cristiana debe reinventarse. Esta situación la describe muy bien un documento de los Obispos de Quebec (Canadá) muy citado, “Proponer la fe a los jóvenes hoy”. Las pistas pastorales apuntadas en ese texto son, creo, acertadas. 
 
¿Están afectando las nuevas tecnologías en el desarrollo de la fe? ¿Se está dando un cambio antropológico nuevo?
Está claro que el cambio cultural que estas nuevas tecnologías de la comunicación están propiciando es muy importante y no tiene vuelta atrás. Esa vuelta atrás es tan improbable como pensar que a lo largo del siglo XXI la humanidad deseche los automóviles y vuelva a usar los coches de caballos. Según la socióloga Belén Barreiro (en su libro “La sociedad que seremos”), este factor de cambio es tan importante que permite dividir nuestra sociedad entre analógicos y digitales, y los segundos, los que se han subido a la ola de las nuevas tecnologías, son diferentes culturalmente a los primeros: piensan de otro modo, manejan más información, tienen más abanico de posibilidades de elección en casi todos los aspectos. 
 
La cultura judeo-cristiana es fruto de la Biblia, de la escucha de la Palabra escrita y leída. La cultura de las nuevas tecnologías es más icónica, se expresa a través de imágenes rápidas en múltiples pantallas. En ese sentido hay un cambio antropológico que dificulta actitudes habitualmente relacionadas con los llamados prolegómenos o preámbulos de la fe (el silencio, la meditación, la lectura atenta, la escucha de la Tradición -en el buen sentido de la palabra), etc. Según el filósofo coreano Byung-Chul Han (lo dice en su libro “En el enjambre digital”) las redes sociales generan mucho ruido, aceleración y superficialidad. Son dificultades innegables y concretas para la opción por el Evangelio.    
 
Hay otros aspectos que los entusiastas de las nuevas tecnologías suelen pasar por alto, como la triste pero real posibilidad de que este cambio aumente el abismo entre pobres y ricos, lo que se suele denominar “brecha digital”.

A mí me gusta recordar y establecer un paralelismo con el título de un famoso libro de Umberto Eco: “Ni apocalípticos ni integrados”. Él se refería a la influencia de la Televisión. Los apocalípticos opinaban que la televisión poco menos que acabaría con la raza humana “entonteciéndola”; para los integrados la televisión era casi la octava maravilla del mundo... Eco defendía (creo que con buen criterio) que ni una cosa ni otra, que era mejor una postura más equilibrada. Tenía cosas positivas y negativas, y lo más sensato era adoptar una postura crítica, sí, pero no apocalíptica.  
 
Esto me recuerda un poco el discurso de Juan XIII en la inauguración del Concilio (11 de octubre de 1962, Gaudet mater ecclesia). El Papa criticaba con cierta sorna a los “profetas de calamidades” que no veían más que desastres en el mundo moderno, y que parecían no haber aprendido nada de la historia. Recordemos los tiempos de San Agustín: ¿no parecía que el fin del Impero romano arrastraría consigo a la fe cristiana con la llegada de los bárbaros del norte? ¿No era una situación mil veces más peligrosa que la actual? No debemos ser catastrofistas. Además de poco sensato, supone desconfianza en la acción del Espíritu en la historia.  
 
¿Pueden utilizarse estas TICS Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicacion para evangelizar?
Por supuesto. En el primer número de Gaudium et spes leemos que “nada humano le es ajeno a la Iglesia”. ¿Por qué no iba a pasar esto también con estos nuevos lenguajes? Y añado otra pregunta retórica: ¿qué haría, por ejemplo, san Pablo hoy? ¿No es el mundo de Internet  de las redes sociales un nuevo e inmenso areópago que hay que habitar? Hay iniciativas en este campo muy interesantes, como el grupo de agentes pastorales de diversas congregaciones, diócesis y movimientos llamado “i-misión”. O páginas para hacer oración diaria como www.rezandovoy.org. El Vaticano desde hace más de diez años cuelga en su página web, a la hora exacta en que se presentan en rueda de prensa, y con acceso gratuito, las encíclicas y cartas papales. El Papa Francisco tiene millones de seguidores en twitter y tuitea casi a diario. Cada vez se encuentran más blogs y webs con materiales catequéticos y evangelizadores interesantes y originales.

Solo un par de matizaciones: mis amigos o hermanos de congregación que entienden un poco más de esto dicen que Internet y las Redes no son simplemente una herramienta o instrumento (como eran los montajes de diapositivas de los años 70, por ejemplo) sino un lugar donde están y habitan millones de personas. “Internet, el sexto continente”, se dice. Esto cambia el modo de estar y actuar.  Por otro lado, hemos de saber captar y adaptar el tipo de lenguaje. No pegan los sermones, los grandes rollos, las actitudes dogmáticas. Es más un lugar de diálogo y de intercambio de igual a igual, de propuesta humilde y positiva. La experiencia del Atrio de los gentiles, según la propuesta formulada por Benedicto XVI en diciembre de 2009, llevada a cabo por el Pontificio Consejo de Cultura, es lo más parecido que se me ocurre. 
 
Y hace falta también aguante y correa para no quemarse con los llamados “trolls”: los que insultan o mienten desde el anonimato y cosas así... Pero eso ya existía hace 3000 años, con otros lenguajes y medios. Que se lo diga a los profetas de Israel…   
 
¿Qué es la sociedad líquida? ¿Explica esto los cambios en nuestra sociedad?
Es una descripción o metáfora puesta en circulación con gran éxito por el sociólogo polaco-inglés Zygmunt Bauman. La explica en la introducción a su libro “modernidad líquida”, expresión que prefiere a la etiqueta “posmodernidad” para caracterizar la sociedad occidental a partir de la década de los 80 del siglo XX. Según Bauman, durante los cuatro siglos anteriores Occidente ha vivido una “modernidad sólida”. Lo sólido es más estable y permanente que lo líquido y gaseoso. En cambio los líquidos fluyen, se modifican rápidamente, adoptan la forma del recipiente o se extienden por el suelo y luego se evaporan. La sociedad de hoy está cambiando continuamente: cambiamos de trabajo, de ideas, de convicciones, de parejas, incluso de religión una y otra vez. Somos “flexibles” y nos adaptamos a los cambios rápidos; pero, como contrapartida, es difícil ser fiel a unas convicciones, mantener los compromisos, incluso las relaciones familiares o los propios “pilares” o suelo de creencias espirituales y religiosa. Surgen la duda y la incertidumbre. Como dice Peter Berger, a los humanos no nos va bien viviendo en la duda permanente: “Si cenas cada noche con el demonio de la duda, lo normal es que acabes convirtiéndote en su postre”. Explica Bauman que esta sociedad líquida, en que es difícil lograr una identidad madura estable, motiva la reacción contraria: muchos cogen el atajo de agarrarse a identidades fuertes de tipo fundamentalista o nacionalista. En algunos casos, esas identidades se afirman con violencia: terrorismo fundamentalista, guerras de nacionalidades enfrentadas (recordemos la pesadilla de la guerra de los Balcanes o la actual guerra de Siria de “todos contra todos”). 

Desde el punto de vista cristiano sucede lo mismo. Se hace más difícil elaborar una identidad cristiana equilibrada, sólida pero no integrista, dialogante pero no “veleta” o de religiosidad difusa “a la carta”. El papa Francisco llama en Evangelii gaudiumneopelagianos”  los cristianos ultraconservadores y “neognósticos” a los que tiene una fe demasiado subjetiva y “progre” en el sentido peyorativo de “me construyo mi propia religión”, un cristianismo tipo mueble de Ikea.
 
¿Qué opinión le merece la película “la llamada”?
Primero fue un Musical estrenado sin grandes alardes de publicidad que, gracias a la información por el “boca a boca”, lleva más de tres años en cartel con mucho éxito. Varios de mis alumnos y alumnas de este curso 2017-18 de Magisterio han visto el Musical y la película La llamada. Me ha llamado la atención que aun los más creyentes han dado un juicio muy positivo sobre ella, porque creen que presenta la experiencia de Dios con un lenguaje juvenil. Ninguno consideró que la obra se burle de la fe cristiana, sino al revés.  Copio lo que expusieron ante sus compañeros/as:
«- Esta película nos gusta porque las protagonistas son dos jóvenes cualesquiera que van de campamento y se encuentran con la sorpresa que Dios les tiene preparada. La vida hasta el momento había sido salir de fiesta y lo que experimentan les llena mucho más. Esto le puedo pasar a cualquiera de los jóvenes que ven la película, por eso causa tanta impresión. 
- También gusta porque muchos jóvenes ven la Iglesia como algo de gente mayor, y en esta película se ve claramente que Dios tiene mucho que decirles, otra forma de vivir que puede llenarte más. Es una visión actual, enfocada para los jóvenes. Por ejemplo, Dios se aparece a la protagonista con canciones y coreografías actuales, y cuando ella le responde leyendo la Biblia, Él se va y no vuelve hasta que le canta una canción suya y es ella misma. 
- Tanto la película como el musical dan una visión abierta y adaptada a la actualidad sobre cómo entender la religión, cómo ver a Dios y cómo podemos entenderlo cada uno, con respeto y comprensión. Presenta sin estereotipos a los jóvenes de hoy como somos, y se da una visión extrovertida de la religión, con humor y canciones. 
- Y con un lenguaje fresco, deja al final una pregunta muy importante: ¿De verdad estás haciendo lo que quieres hacer?» 
Por ejemplo, así describe una canción el encuentro con Dios:
Si esto es fe (Macarena García)
Si esto es fe tómame, tómame o sal corriendo, 
que me da mucho miedo,
y  no sé cómo hacer.
Si me has venido a buscar haz solo una señal o por lo menos
espera que me ponga mona.
Sé que hay algo en mi interior que me da subidón y esta locura
me hace querer ser solo tuya.
Sé bien que estoy cambiando, algo me está pasando,                        
y no me atrevo pero no quiero verte lejos.
Si esto es fe tómame, tómame
o sal corriendo.
Estás perdiendo el tiempo si te crees 
que sé lo que hay que hacer...
 
Estamos ante una generación de jóvenes creyentes muy distinta a la nuestra, que ya no canta aquello de «en la arena he dejado mi barco», sino otras cosas. Ellos expresan mejor la experiencia de Dios como «algo en mi interior que me da subidón». Hay que tenerlo en cuenta.
 
Otro concepto del que le he oído hablar es el de pastoral de engendramiento ¿Qué es esto?
Es un nuevo planeamiento pastoral que llega desde algunos países de habla francesa (Francia, Belgica, Quebec). La pastoral de engendramiento tiene su fuente de inspiración en esta convicción de fe: El reto al que deben enfrentarse nuestras sociedades y la Iglesia es dejarse engendrar a una vida nueva, gracias a la Palabra de Dios que resuena en los relatos fundacionales y que va trabajando las conciencias. Quiere pasar del esquema en que un agente pastoral le da a unos destinatarios que no saben nada el saber sobre Dios par pasar a otro en que del diálogo pastoral de igual a igual “se da a luz” a Dios, que ya estaba nos esperaba en el interior de ambos, no solo del primero. 

Me voy a permitir citar a uno de sus “inventores”, el teólogo Philippe Bacq (hay una exposición detallada en el libro de colaboración entre varios autores “Una nueva oportunidad para el evangelio. Hacia una pastoral del engendramiento”):

“La palabra “engendramiento” nos conecta con la experiencia humana más poderosa y a su vez más frágil. Evoca enseguida las palabras y gestos del hombre y la mujer que se aman y se unen para dar la vida. Al ofrecerse el uno al otro, la pareja engendra mutuamente sus propias identidades personales: se hacen más hombre y mujer, diferentes, únicos, incomparables y sin embargo, complementarios el uno del otro. Juntos dan la vida a un nuevo ser que a su vez los engendra como padres. La presencia de un recién nacido transforma radicalmente la relación de los esposos que lo trajeron a la vida. Por él acceden a una nueva identidad: se hacen padre y madre aprendiendo a adivinar las necesidades, los deseos, los miedos, las tristezas, las alegrías o las fantasías de su hijo. Luego empieza la larga paciencia de la educación que permite al hijo hacerse humano en medio de los humanos. La obra de engendramiento se opera en medio de relaciones de reciprocidad. Acontecimientos especialmente significativos irán marcando el ritmo de ese lento crecimiento de la vida. Momentos de alegría y de acercamiento mutuo pero también de sufrimiento y de separación. La obra estará completa en el momento en que, el que antes era niño, ahora un adulto, se despegue de sus padres y se lance en la vida, libre, autónomo y pronto para aportar a la sociedad toda la riqueza de su novedad… Esto se aplica a la acción pastoral: Solo existe el engendramiento mutuo. La pastoral que lleva este nombre se desarrolla en un ambiente comunitario donde las personas llevan entre ellas relaciones de proximidad. Según la expresión de Pablo, los cristianos se vuelven así “miembros los unos de los otros” poniendo “cada uno por su parte” los carismas recibidos del Espíritu al servicio de la comunidad y acogiendo los dones acordados a los demás. Así se engendra “la estima recíproca” y “el afecto mutuo” (Rm. 12,4-10), siendo el objetivo, que “los miembros se preocupen unos por otros” (1Cor 12,22-24) y se edifique “la casa de las relaciones mutuas” que es la Iglesia, el cuerpo de Cristo (Rm 14,17-19,34). La pastoral de engendramiento supone por lo tanto que las parroquias desarrollen células eclesiales a escala humana. Ella se acerca en esto a una pastoral de iniciación…
 
Lo que es verdadero para la parroquia lo es también para el conjunto de la Iglesia. Ella se construye a sí misma por el diálogo retomado sin cesar con las mujeres y los hombres de su tiempo. Ella se deja engendrar así a una vida nueva que se manifiesta en la renovación constante de las mediaciones institucionales objetivas. Las fronteras que distinguen a los cristianos de los demás no desaparecen, pero se hacen porosas, permeables a la acción del Espíritu. Los cristianos que entran en la perspectiva del engendramiento están convencidos de que el Evangelio invita a todos los seres humanos a llevar una vida auténtica, de acuerdo a sus conciencias. Se animan, por lo tanto, a “proponer el Evangelio” a todos, invitándolos a llevar adelante su existencia de acuerdo a las bienaventuranzas. Esta propuesta de sentido es hoy especialmente importante, dado que muchos de nuestros contemporáneos están más vulnerables ante la multiplicidad de posibles estados de vida. Están perdiendo sus puntos de referencia. En ese contexto, la propuesta del Evangelio mantiene todas sus posibilidades. La persona de Cristo puede ser significativa para muchos porque encarna de manera única e incomparable un modo extremadamente humano de vivir… Los signos de los tiempos nos invitan a dejar que el Espíritu del mismo Cristo trace diversos caminos de vida para todos y cada uno. Respetar las conciencias, es aceptar un despojamiento, una pérdida de dominio, una renuncia a la manipulación. Es quizás bajo esta forma, especialmente, que la Iglesia es trabajada por el misterio pascual de toda vida.
 
¿Algo que sería interesante transmitir a nuestros lectores y yo no le pregunté?
Me permito ser un poco “friki” y acabar con unas palabras del mago Dumbledore a su alumno Harry Potter: “Tiempos difíciles se acercan Harry. . . Muy pronto todos tendremos que decidir entre lo que es correcto y lo que es fácil” (Harry Potter y el cáliz de fuego). Pero eso sí, atendiendo siempre la invitación del papa Francisco a ser evangelizadores con Espíritu, que anuncian el evangelio con alegría y no con tristeza ni cara de funeral…
 
Luis López
Coordinador Capuchinos Editorial
Donostia San Sebastián Fue la primera presencia de la Provincia en Guipúzcoa después de la restauración de 1900.
Presencias
Vocaciones
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AMABLE (el amor es otra cosa)

Siguiendo la estela de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" el tema de la campaña vocacional para este curso va a ser el amor. El lema escogido es: "AMABLE (el amor es otra cosa)".

Artículos
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Beber de la Verdad de la Vida
 
Paladear la vida exige atención, cuidado, capacidad de admiración. Exige también ponerse cada vez en la perspecti-va del otro/a porque es desde ella desde donde los detalles cobran su verdadero sentido. Paladear el detalle es algo muy próximo a la gran sabiduría de disfrutar de lo sencillo, de no perder la capacidad de maravillarse de lo cotidiano. Paladear la vida exige un sosiego, una actitud de aprecio y hasta una cierta imaginación para huir de la rutina que amenaza a lo sencillo de cada día.
 
Acompañarse
 
Que es la mejor manera de beber la vida cuando nos alcanza con su gozo o cuando nos hiere con su lanza. Quizá lo más que podamos hacer los unos/as por los/as otros/as en esta vida sea acompañarnos en la alegría del disfrute co-mún y en la herida compartida. Acompañar es el mayor ofi-cio del mismo Dios que ha hecho voto de acompañamiento con nuestra historia. De hecho, el Espíritu es el gran acom-pañante que no se fatiga jamás con nuestra pesadez y que siempre se alegra con nuestros gozos.
 
Acompañar es algo que está pidiendo el hacer de los in-tereses del otro/a los propios. Está pidiendo también un in-terés no solo por las cosas del otro/a sino por ese fondo su-yo que a veces es tan extraño, caprichoso y egoísta como el propio. Y sobre todo pide un cambio de mirada, esa que no se queda en la superficie sino que pregunta por el interior y espera pacientemente a que se abra la puerta del corazón pa-ra transitar por él con el cuidado y el tiento de quien ama.
Disfrutar
 
Tan poco que se nos ha aleccionado sobre el disfrute y tanto sobre las obligaciones, el Espíritu explica día adía la asignatura de que esta vida, por pobre que se la quiera, tiene como cometido el irnos enseñando los hondos disfrutes a los que está llamada. Porque Dios ha sembrado en el último pliegue del corazón de la vida la certeza de que el paraíso existe, aunque esté al final y requiera un trabajo tan largo como la propia vida para poder llamar a su puerta. Es como si Dios te dijera: “Aunque no lo entiendas bien, has sido creado/a para el disfrute pleno”. Solo desde el cultivo de es-ta certeza puede tener sentido la historia.
 
Para disfrutar es necesaria una estructura personal de fuerte componente fraterno. Una fraternidad tan universal que abarque a las personas, a los animales y a la mismas co-sas a quienes en inmediatez se tenga realmente por herma-nos/as. Se requiere también llegar a un estado de enamora-miento del último valor de personas y cosas que no es otro que el de su dignidad. Es así mismo necesario la confianza mil veces manifestada de creer al otro/a capaz de cosas hermosas. Y desde ahí, el disfrute es un trasvase de vida, una sintonía que genera crecimiento en quienes se unen, una mi-rada unificada sobre la hermosura de la vida.
 
Ahondar
 
Que es lo mismo que contemplar, porque la contem-plación no es sino un creciente ahondamiento de lo que se nos da. Ahondar para huir de la superficialidad que esteriliza nuestras mejores opciones y distorsiona la propia realidad y la de quienes comparten nuestra vida. Ahondar es, en el fono, una búsqueda de Dios porque él habita en la profun-didad y quien sabe de la profundidad sabe también de Dios, como dijo Tillich.
 
Para ahondar es preciso detenerse, porque cualquier prisa es enemiga primera del ahondamiento que pide cora-zones sosegados y actitudes lo más serenas posible. Ahondar exige discernir, porque la realidad es con frecuencia confusa y tener todo claro no es el mejor de los síntomas. Ahondar pide sopesar, pero no como quien busca ganancias sino co-mo quien quiere tratar a las personas y a las cosas con sumo cuidado. Quien ahonda se vuelve cada vez más benevolente, más cuidadoso/a, más colaborador/a y, en el fondo, más entregado/a. Incluso más, quien ahonda va aprendiendo a no huir del propio fondo, tan disgustante para nosotros/as a veces.
 
 
III. TAREAS DE VIDA
 
Precisamente porque todo esto no es simple anhelo, vacía palabra, es preciso animarse a ir haciendo unas tareas que lleven a hacer crecer el gusto por la vida. Es la colabora-ción a la obra continuada del Espíritu en nuestra vida, por-que como dice Jn 16,27, nosotros/as somos los testigos, los brazos con los que él va construyendo su gigantesca obra.
 
Gustar la universalidad
 
Porque siempre estamos muy tentados/as de pensar que solamente se puede estar a gusto en la pequeñita parcela donde uno/a es dueño y señor/a; porque creemos que lo que no abarco con mis medios personales es algo que no existe; porque persiste en nosotros/as esa mentalidad aldea-na en que creemos que el mundo se acaba en nuestros pe-queños límites...por todo eso es preciso gustar la universali-dad, la casa común, el espacio de lo público, el vértigo de la aventura colectiva. Gustar la universalidad como la primera y mejor familia a la que pertenezco, la gran familia humana. Gustar la universalidad para desvelar en las miradas de otros ojos y en los latidos de otro corazón, la propia sangre que corre. Gustar la universalidad para no sentir como ajeno el dolor de quien es de otra tierra. 
 
Gustar la innovación
 
Porque la rutina nos tienta siempre empobreciendo nuestros caminos; porque lo malo conocido nos atrae mu-cho más que lo bueno por conocer; porque no cambiar es postura lógica de quien es tardo para el compartir; porque refugiarse en el pasado es, con frecuencia, una forma de jus-tificar nuestro presente...por todo eso es preciso, al filo del Espíritu, gustar la innovación. No como un afán superficial de cambiar por cambiar sino con la hondura de quien com-prende que son no pocas las cosas que tienen que cambiar. Innovar para no dejarse atrapar por los sistemas anquilosa-dos que, con frecuencia, conllevan una buena dosis de injus-ticia. Innovar para mirar al futuro con más confianza no por lo conseguido sino porque siempre es posible dar un paso más. Innovar para tender hacia la plenitud y situarse en la línea de Jesús y su Espíritu, innovadores del todo.
 
Gustar la pluralidad
 
Porque queremos hacer unidad haciendo obra de uni-formidad; porque no sabemos despojarnos de la mirada des-confiante ante el distinto/a; porque tenemos poca facilidad para relativizar nuestros gustos y nuestras maneras unívocas de entender la vida; porque nos cuesta comprender la plura-lidad de historias con las que está tejida la gran historia de lo humano...por todo eso, necesitamos ir aprendiendo a gustar la pluralidad, la hermosura de lo variado, las posibilidades que se acrecientan con las aportaciones de lo múltiple. Si hay algo plural es el Espíritu que escucha todos los sonidos y genera tantas respuestas y ayudas como grande es la diver-sidad de la realidad
 
Gustar la hermosura
 
Que quizá sea algo más que la belleza. A muchas per-sonas se les ha creado el acceso a la hermosura como si eso fuera solamente patrimonio de quien dispone de recursos para conectar con la belleza. Pero la hermosura que incluye a la belleza es patrimonio de lo humano. Es el lado mejor de la realidad personal y el destino más fraterno de las mismas cosas. La hermosura tiene muchos lenguajes y siempre hay uno de éstos para toda persona. En el fondo, saberse llama-do al disfrute de lo hermoso de la vida va parejo a la con-ciencia del derecho a la felicidad de toda persona y del más concreto derecho a sentarse en el banquete de esta vida. El Espíritu suscita belleza y hermosura y dice incansable que estos bienes son patrimonio común de toda persona, no par-cela acotada de unos/as pocos/as.
 
Conclusión
 
Ser espiritual es algo que se ha confundido con un espi-ritualismo exiliado de lo humano. Es hora de devolver a la espiritualidad su corporalidad, su historicidad, de la que nunca habría debido separarse. Por eso:
 
Ser espiritual es estar en el lado donde bulle la vida, admirado/a y agradecido/a de haber sido llamado/a a esta fiesta inacabable por el Espíritu que anima el fondo de la vida.
Ser espiritual es estar abierto a la vida gustando las posibilidades crecientes que nos da por la generosi-dad inagotable del Espíritu. 
Ser espiritual es llegar a hacer un pacto de buena ve-cindad, e incluso de amor, con esta historia que el Padre nos ha dado como mejor don y que el Espíritu mantiene en creciente potencialidad.
Ser espiritual es sentirse parte del coro de la vida, contento/a con ser una pequeña melodía en esta gran sinfonía que es el caminar de la persona por la historia. El mismo Espíritu une su voz a ese coro, más como cantor solidario que como director que busque aplausos.
Ser espiritual es haber comprendido que la pasión por Dios es la misma pasión por lo humano vivida en profundidad y en trascendencia que ahonda. Por eso el Espíritu tiene a lo humano por saludable y amorosa “obsesión”.
 
Fidel Aizpurúa Donazar
Editorial de los Hermanos Capuchinos Escuela Superior de Estudios Franciscanos Bibliotecas Capuchinas El amor es otra cosa SERCADE Blog de la pastoral juvenil vocacional Albergues Capuchinos en el Camino de Santiago
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