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01/08/2018 Año Lorenzano

Nuestro hermano Mauro Jöhri acaba de enviarnos una carta, la última como ministro general de la Orden, sobre la figura de San Lorenzo de Brindis.

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Stabat Mater Los Capuchinos Vasco-Navarros y la música en el Siglo XX -Vol 1
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Misa de apertura del Año Diocesano de la Santidad

Misa de Apertura del Año Diocesano de la Santidad que tenía lugar el 21 de julio en la iglesia del Monasterio de la Anunciada de Villafranca del Bierzo. 

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Félix Bohórquez, misionero capuchino en Guinea Ecuatorial
Nací en 1.959 en Chaparral, Tolima (Colombia). Hice mis estudios de primaria y bachillerato en mi pueblo natal. A la edad de 19 años terminé el bachillerato e ingresé como postulante en la Orden de los Capuchinos. Fui un joven como los demás: deportista, me gustaban las fiestas, trabajaba para ayudar a mi familia y repartía mi tiempo de vacaciones entre el pueblo y la finca de mis tíos. Poco practicante pero mis padres muy católicos, fieles y profundamente devotos de la Virgen del Carmen, quienes hacían romerías para cumplir promesas al Carmen de Apicalá, un pueblo cercano a Ibagué, la capital de mi departamento (Tolima). 
 
Félix, ¿Cómo surgió la idea de ingresar en la Orden Capuchina?
Al terminar el bachillerato yo quería ir a la Universidad así que viajé a la capital Bogotá, allí me hospedé en la casa de una prima casada y su cuñado era un sacerdote capuchino que estaba por esos días visitándolos; nos hicimos amigos y salí algunas veces a acompañarlo a la Iglesia a la celebración de la misa. Una tarde le pregunté por los Capuchinos pues en mi pueblo solo conocí a sacerdotes diocesanos y él me hizo un resumen de la historia franciscana capuchina y me habló un poco de su vocación como fraile, la cosa quedó ahí; él le preguntó a mi prima por mí, le pidió mis datos y la dirección, cuando regresó a Pasto (Nariño, Colombia) donde trabajaba le dio mis datos al Pastoralista vocacional, quién se puso en contacto conmigo.
 
A los 6 meses me invitó a Pasto para que conociera allí a la Orden Capuchina y si estaba interesado que ingresara al Postulantado, era enero de 1980. Salí de mi familia y viajé a Pasto, más por curiosidad y aventura que otra cosa, pues no era muy piadoso ni practicante. Pasaron 2 años y en 1982, me enviaron a hacer el noviciado a Costa Rica.
 
Vamos a dar un salto gigantesco a otro continente para que nos cuentes sobre tu misión.
Actualmente estoy en la ciudad de Bata donde coordino la catequesis de Primera Comunión, confirmación y Pastoral Juvenil. La fraternidad tiene una Biblioteca Pública, la cual coordino; en el barrio hay varios colegios de bachillerato quienes acuden a nuestra fraternidad para resolver dudas de fe, de ética y valores, de filosofía, problemática juvenil y familiar, etc., etc. Yo estoy ahí, nuestra casa siempre está abierta y dispuesta para atenderlos. Ese es mi trabajo de pastoral. 
Nuestra presencia en Guinea es netamente pastoral, estamos al servicio de las personas: los niños, los jóvenes, los mayores, los enfermos, para escucharlos, para compartir nuestro tiempo con ellos; para acompañarlos en sus momentos de incertidumbre. Damos de lo que tenemos, nuestro tiempo, compartimos lo que somos, la fraternidad. Muchos de ellos no quieren cosas, solo quieren ser escuchados.
 
¿Cómo es el pueblo de Guinea y qué necesidades tiene?
La gente es amable, aunque algunos al inicio son desconfiados pero cuando ya hay confianza te abren la casa y el corazón, se desviven por atender al misionero, dan, comparten, incluso hasta de lo que no tienen. Los niños son muy alegres, risueños, nada complicados y espontáneos. Los jóvenes están deseosos de aventuras, quieren destacarse, hacer la diferencia, solo que no saben cómo hacerlo y en la mayoría de los casos pierden la motivación. Los adultos son los que llevan el peso de la sociedad. Los mayores están ahí para apoyar a los adultos, están para cuidar a los niños. Pienso que los adultos están desaprovechando la experiencia de los mayores, por que se están dejando absorber por la tecnología, desaprovechando el conocimiento y éstos están olvidando rápidamente las costumbres ancestrales. 
 
En la actualidad, ¿tenéis algún proyecto a destacar?
Debemos seguir con los proyectos que tenemos: modernizar la Biblioteca, un espacio y una infraestructura cómoda, pero hay que dar un paso más, volverla una biblioteca virtual donde los usuarios, a través de la red, hagan sus consultas. Los libros que actualmente tenemos están muy deteriorados y allí es difícil conseguir libros o material impreso. La ciudad tiene pocos espacios deportivos y recreativos, así que estamos organizando algunos espacios recreativos y de tipo cultural, donde los niños y sobre todo los jóvenes puedan hacer buen uso del tiempo libre y tener una mejor calidad de vida. 
 
¿Una frase de despedida?
La calidad de vida depende de la cantidad de amor de Dios que yo quiero aceptar. 
Jerez de la Frontera Al encontrarse nuestra iglesia situada en un sitio muy estratégico y de mucha afluencia de fieles, su principal actividad pastoral es el culto, muy apreciado por todos cuantos la frecuentan.
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AMABLE (el amor es otra cosa)

Siguiendo la estela de la Exhortación Apostólica "Amoris Laetitia" el tema de la campaña vocacional para este curso va a ser el amor. El lema escogido es: "AMABLE (el amor es otra cosa)".

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El cocotero y el fuego...

Junto a la desembocadura del río Eworo había un esbelto cocotero. Su tallo se había  elevado sobre  arbustos y árboles de su entorno. Cada período de tiempo el cocotero se iba desprendiendo de sus ramas secas, de sus cocos maduros llenos de apreciado líquido y sabrosa pulpa. A intervalos de tiempo también el cocotero dejaba caer la rama seca que había  sostenido el racimo de cocos.

 Pues bien, cerca de este monumento vegetal, en tierra firme, junto al río, una de las mujeres, de las que abundan en Guinea, había montado su cabaña con los necesarios departamentos para vivir ella y la posible numerosa prole que le asignarían en cuanto tuviera hecha su cabaña.

Era la  Señora  Ayeto, sola y solicita, para alimentar la numerosa prole que pronto se juntó a su lado. En un viaje a la ciudad la Señora Ayeto  vio en una carpintería metálica una exposición de trébedes para la venta
--¿Qué es esto? –preguntó
--Mire, Señora, esto es un utensilio  para poner el fuego debajo y la olla encima, así no se cae la olla y la comida se cuece  muy bien.

La Señora Ayeto no lo pensó dos veces:
--Sí,sí, quiero unos. ¿Cuánto valen?
Rebuscó entre sus ropas el dinero, pagó y se trajo los trébedes a su casita. Unas veces hacía el fuego en medio de la cocina, otras veces, en la calle al aire libre. Cuando los trébedes quedaban abandonados en la calle llamaban la atención del esbelto cocotero.

--Oh, desde mi altura veo muchas cosas. Veo esas casitas pintadas que corren por la carretera, veo pasar el agua del río constantemente hacia el mar, veo las serpientes boas tan largas como alto es mi tallo que atraviesan el río de orilla a orilla, veo volar las bandadas de vampiros que a veces cubren el sol; pero un bicho como tú no  sé lo que es. Te veo ahí tirado, abandonado, te veo con una llamita debajo y con una olla encima que en un momento devoran esa cuadrilla de niños que alimenta la mamá Ayeto.

A veces me molestas con el humo que sube desde ti y espanta las aves que vienen  a posarse en mis ramas. Dilo de una vez:
--¿Qué eres tú?
--Yo soy un utensilio de servicio, ayudo a la mujer en la preparación de los alimentos: la yuca, la bambucha, los cacahuetes, las bananas. Yo colaboro con el fuego. El fuego y yo somos un apoyo  para el trabajo de la Señora Ayeto.

--Colaboras con el fuego; el fuego en la selva no pinta, siempre es mínimo, una llamita. Veo a las mujeres cargados con palos  para mantener el fuego que hay que ponerlo en medio de la cocina como a un señorito. Si el fuego está en la calle apenas llueve se apaga, si no tiene leña seca se apaga. El fuego en la selva no pinta,¿sabes? Me río de ese fuego. El fuego verdadero está arriba, es el sol, son las estrellas, los rayos terribles de las tormentas, rápidos como el pensamiento. ¡Ese fuego que tu cobijas! ¡Va!

Pasó el tiempo, llegó el período de seca y la Señora Ayeto determinó poner siempre los trébedes junto al tronco del cocotero Al lado, pegadito a la base para resguardarse del aire y cambiando de lugar según la dirección de la brisa. Al principio el cocotero apenas se enteró de aquella peligrosa compañía, pero pronto en su base empezó a sentir un cosquilleo. Primero fue un poquito superficial, después más y más adentro.

De todas las maneras sus ramas seguían ondulando en el espacio.
Los racimos de cocos seguían adornando su hermosa cabellera. Los cuervos, gavilanes y tórtolas  venían a posarse en sus ramas. Las golondrinas describían en su derredor constantes arabescos.

La Señora Ayeto junto a la base del esbelto cocotero seguía cocinando para su numerosa prole. El cosquilleo de la base del cocotero iba siendo cada vez más intenso y más profundo. Las células de la base se habían ido tostando progresivamente. La savia para alimentar aquel esbelto tallo y aquella copa  receptiva de todos los vientos ya no era suficiente.
La mayor parte de la base del cocotero había sido tostada por el fuego intermitente y considerado sin importancia. La consistencia de la base se había reducido mucho. En la copa las hojas verdes acusaban un color más pálido. Hasta que un día aquel gigante de la naturaleza vegetal se sintió desfallecer por su base.

No fue la tierra firme quien  falló, no fueron sus infinitas raíces las que fallaron, fue su enlace entre la tierra y el espacio. Y el cocotero alto, el cocotero esbelto, aquella atalaya del río, del mar y de la selva cayó tendido  cuan largo era sobre los arbustos, sobre la chabola y sobre la tierra firme que acogió el tallo que durante muchos años había sustentado.
El cocotero esbelto había luchado con todos los elementos: la posible inconsistencia de la tierra, los vendavales en forma de tornado, las tempestades intensas y racheadas. Con todos había podido; pero el elemento fuego, lento, constante, operativo había podido con él. Diciembre  2010.          

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