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José Ignacio Calleja. El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca.

José Ignacio Calleja. El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca.
José Ignacio Calleja Sáenz de Navarrete es un sacerdote nacido en Navaridas (Álava), hace ya demasiados años, en una familia de agricultores, típicamente trabajadora, sencilla, austera y cristiana. Mis progenitores eran gente religiosa y, quizá, con la particularidad de que era mi padre el más firme animador de nuestra fe cristiana. Los dos querían que sus hijos fuéramos buenos vecinos, buenos cristianos y buenos estudiantes. Entré al seminario de Vitoria con once años y, lo típico, allí me ordené de sacerdote, me destinaron a unos pueblos en la Montaña Alavesa, estudié a distancia derecho civil, y salí para estudiar Teología en Madrid, hasta doctorarme en Salamanca. Me incliné poco a poco hacia la pastoral social, la ética social y la doctrina social de la iglesia, y por ella, la docencia, la formación del laicado, el voluntariado cristiano, la pastoral rural, la prensa del País Vasco, sucesivas publicaciones en PPC y Sal Terrae, etc. Y así, hasta el presente. 
 
José Ignacio, en muchas ocasiones hemos escuchado eso de que -a nivel de publicidad- el producto cristiano es muy fácil de colocar y aun así no estamos acertando con el mensaje.  ¿Qué opina usted en este sentido? Y además se cita que siendo tan fácil no estamos acertando ¿por qué?
 
No es cierto. No es nada fácil. Eso lo dice un publicista con las mejores intenciones. No es fácil porque no es un producto de marketing al uso, sino la vida de una persona y una persona concreta, Jesús, que termina no por casualidad en la cruz. Muere así porque vive así. Luego no es nada fácil convertirlo en una noticia fácil para el mundo. Es verdad que su honestidad, su coherencia, su esperanza, su apertura a Dios y su compasión, su Vida, llaman y atraen, pero el camino no es de rosas. Dar con el sentido de la vida, acoger una vida con sentido es un gozo, pero si el sentido procede de compartirlo todo con todos, y especialmente con los pobres, para llegar a Dios más claramente, para salvarnos juntos, no es fácil ni suena moderno. No nos vamos a engañar. Claro que no dependemos de nosotros mismos, sino de la bondad de Dios que nos atrae hacia sí, pero vaciarse de uno mismo para que quepan los otros y Dios en el corazón y en la fraternidad, no es fácil. La conversión samaritana y desprendida de sí, no es fácil de contar y preferir. Por eso, siempre nos tentará no subir a Jerusalén y hacer tres tiendas en el Tabor. Siempre nos tentará la religión convencional. Siempre. Pero podemos reaccionar, ese es el poder sanador del Evangelio de Jesús. Y la gente, esta verdad de fondo en Jesús la aprecia mucho.
 
¿Qué podríamos hacer para llegar más al público en general? ... Si tenemos un producto tan “potente”…. 
 
Creo que me repetiré. Es un producto “potente”, sí, pero su entraña es la debilidad de Dios, la aparente impotencia de Dios a los ojos humanos. Por eso que se puede llegar al público en general, claro que sí, porque la coherencia y misericordia llaman mucho, pero es más fácil que evolucionemos como minorías ejemplares -en valores, en fraternidad y en fe-, que pensar no en un río de masas católicas desvividas por el Evangelio. Claro está que yo me fijo mucho en la bondad misericordiosa de Dios, y Él también es Verdad y Belleza. Hay varios caminos para llegar y gustar de Dios, y hay diversidad de sensibilidades en nosotros. El camino de la verdad y la belleza puede ser más atractivo para mucha gente. Mi convicción es que somos evangelizados por los pobres, como le sucedió a Jesús, y que, a su lado, nos convertimos cada uno de nuestro poder y riqueza pecadora. Pienso que a su lado es más seguro dar con la Verdad, Belleza y Unidad de Dios. Hay diversas sensibilidades para evangelizar, pero todas cobran forma en mejorar la vida de la gente, en todas las dimensiones, desde los más pequeños y olvidados. Sin ellos, Dios pensado, celebrado, contado y cantado, sufre.
 
¿Hay crisis de valores?.... ¿De qué valores y con qué significado? 
 
Es evidente que hablamos de crisis de valores y damos por hecho que su falta es clara en los demás. Es fácil ver que los antivalores de la cultura pragmática, economicista, individualista, inconsistente, líquida, nos rondan a todos. Y es fácil ver que los valores del humanismo evangélico y social cristiano tienen mucho que decir. Pero hay que hacerlo respetando la mayoría de edad del mundo; es decir, dando razones, sin fanatismos políticos o religiosos, moralizando los medios elegidos, mirando la igualdad de derechos a nuestro alrededor, valorando los derechos humanos de todos, trayendo al centro las necesidades humanas más urgentes de los más necesitados, ofreciendo la novedad de lo gratuito, la escucha, la bondad, el perdón, la generosidad, la trascendencia; es decir, todo aquello que nos puede hacer comunidades alternativas de sentido y fe ante el mundo; alternativas por humanas y evangélicas, y no por el poder social acumulado y la capacidad de influir en los notables. Jesús se acercó a todos con amor, algunas veces con mucha exigencia, pero siempre que ganaba a alguien para el Evangelio, lo convertía, le cambiaba la vida; y de hecho, rico en lo que sea y convertido, nunca. Cada uno tenemos que convertirnos de nuestra riqueza y poder, aquella que nos hace indignos del camino del Reino. Los pobres también. Solo así somos pobres de espíritu.
 
¿Qué movimientos podrían mediar en la sociedad ante esta crisis?
 
La crisis es compleja en sus manifestaciones y causas, luego los movimientos han de ser muchos, según se trate de la economía, la política, la cultura, la religión, las personas, las familias, etc. En la dimensión de la crisis de valores y fe cristiana, somos muchos los grupos creadores de opinión y cultura moral en esta sociedad. Desde luego, las religiones tienen mucho que decir en términos de dignidad humana, fraternidad, justicia y paz, y sentido. Pero tenemos que sanarnos internamente. La religión que desprecie la autonomía legítima del Mundo, o lea su Revelación como Verdad poseída y a imponer, tiene el fanatismo llamando a la puerta; la violencia la rondará a cada paso; los altares del fanatismo están al orden del día, en religión, he dicho, pero no menos en poder de política internacional, en concentración del dinero, en naciones absolutizadas, en egoísmos de grupos selectos, en convicciones éticas de plastilina, en ideales líquidos al gusto del consumidor. No nos pongamos tan pesimistas. La fe puede aportar mucho en sentido, valores y ejemplaridad, pero tiene que acertar en su coherencia y servicio. El testimonio de las obras de fraternidad, como en Jesús, es y será siempre un sacramento primordial del anuncio. 
 
Recientemente expuso una ponencia con el título: El cristianismo tiene futuro: sus cimientos son pura roca… Ante la crisis de valores que parece asentada en nuestra sociedad… ¿Cree que nuestra religión tiene ciertamente esos cimientos?
 
Con el título yo me refería no a la roca de Pedro y esas cosas que decimos en la Iglesia, sino más modestamente a que Jesús presenta una riqueza de valores antropológicos, religiosos y éticos que son pura roca para vivir con dignidad como personas y sociedad. A eso me refería. Son convicciones sobre el ser humano y sobre la sociedad, son relaciones de fe con Dios, que sostienen con la “fuerza” de una roca la casa común de los humanos. Esto no significa que las convicciones e ideas cambien sin más el mundo, pero sí nos dan la oportunidad de saber a qué atenernos para hacer una vida más humana, una fraternidad de todos. Yo me quejo de que la gente al descubrir la dificultad de la ética humana y cristiana para cambiar el mundo saque la consecuencia de que la ética no sirve para nada, cuando debería decir, “es el mundo de la injusticia” el que no quiero ni puedo aceptar; pero no, como es muy difícil, es que no es posible y, entonces, es que la ética no sirve. Menuda manera de razonar para no movernos. Es una ideología social conservadora que agosta el Evangelio. Ahora bien, si todos nosotros vivimos en casas prefabricadas, ¿para qué queremos la roca en los cimientos?
 
¿Qué mensaje daría a nuestros lectores en relación con su experiencia en los problemas actuales que se viven en la fe?
 
Yo soy uno de vosotros y con vosotros. Hay una clave que conecta bien con la gente. Y es la fe en Jesús y su Dios como plenitud interior, fuerza frágil que nos sostiene, confianza que atrapa, sentido que sujeta este árbol que somos. En la vida personal y familiar, esto aporta un efecto espiritual (y sicológico) que atrae. Saltar de ahí al testimonio personal de vida en el pueblo y el mundo, cuesta mucho. Y saltar al testimonio social, más. Pero mi experiencia es que a la gente nos llegan y llegamos por una opción de fe que nos hace acoger con esperanza y humildad lo que somos, lo que nos viene, lo que nos falla, lo que no logramos, en suma… lo que somos; y creo que esta opción de vida, compuesta en cristiano -referida a la vida de Jesús y su relación de intimidad con Dios-, a mucha gente la atrae con ganas. Traducirlo a una ideología social de grupos culturales y sociales más o menos conservadores, suele ser la tentación y la ruina de esta opción de vida en Jesús. Hay movimientos católicos y cristianos que explican todo el mundo de la fe en clave más divinizada y trascendente; yo conecto mejor con la experiencia de Jesús, creciendo en compasión, sabiduría y fe. 
 
Gracias José Ignacio...

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