Yo entrevisté a Fray Leopoldo

Yo entrevisté a Fray Leopoldo

En esos días me encontraba indispuesto. Cubrí una serie de eventos que provocaron dolor en mi corazón, en especial relacionados con los conflictos bélicos de Oriente Próximo. Yo pensaba que era sólo un estrés galopante pero había algo más y, terminé en quirófano. Entonces no lo sabía pero tenía el apéndice totalmente inflamado y posiblemente, de no ser intervenido, aquello terminaría en una peritonitis. Me ingresaron en la Paz, en urgencias y, a pesar de tanto dolor que había visto en combate y tanta sangre derramada no estaba acostumbrado a verme en un hospital. Quizás la cámara me protegía del dolor de aquellos hombres que, aunque sabían porqué, para nada era justo que tentaran a la muerte de esa manera. Ah, ¡perdón! no me presenté, soy un granadino que estudió periodismo y un día decidió que quería hablar sobre el sinsentido de las guerras, pero bueno, de eso te hablaré otro día que ahora están a punto de dormirme para quitarme ese apéndice malvado. Antes de invadirme la anestesia, me pidieron que pensara en algo agradable. No sé por qué pero me vino a la cabeza fray Leopoldo y eso que no soy muy devoto, pero apareció antes de entrar en un profundo sueño y, de repente, ahí estaba yo acompañando al fraile en unas cuestas bien empinadas. Mi deformación profesional y la serenidad del beato me llevó a preguntarle.

Fray Leopoldo, usted es conocido por su gran humildad. ¿Cómo cree que este valor puede enriquecer nuestras vidas hoy?

La humildad nos enseña a valorar a los demás y a entender que todos tenemos un rol importante en este mundo. En una época de constantes cambios y avances, recordar que somos parte de algo más grande nos ayuda a mantenernos enraizados y a servir a los demás con amor.

Durante su vida, usted mostró un compromiso inquebrantable con los pobres. ¿Qué mensaje tiene para aquellos que luchan por la justicia social en 2024?

La lucha por la justicia social es un camino de amor y sacrificio. Les animo a que no pierdan la esperanza y a que vean en cada acto de servicio una oportunidad para sembrar bondad y compasión en el mundo.

 

 

Yo he visto muchas contiendas, pero usted experimentó la Guerra Civil Española. ¿Cómo encontró paz en medio de tanto conflicto?

Encontré paz en la oración y en la confianza absoluta en Dios. Es importante buscar momentos de silencio y reflexión, incluso cuando el mundo exterior parece caótico. Mis queridos hermanos y hermanas, sé que el camino de la vida a veces se siente como una senda empinada, llena de piedras y espinas. Durante mi vida, enfrenté momentos de profundo dolor y desesperación, como muchos de ustedes. En esos momentos, mi corazón se llenaba de preguntas y mis ojos de lágrimas. Pero en la profundidad de esa oscuridad, encontré una luz inquebrantable, una luz que emanaba de mi fe.

En los días más oscuros, cuando la guerra desgarraba a nuestro país y el sufrimiento parecía no tener fin, mi refugio era la oración. No una oración de palabras vacías, sino un diálogo sincero con Dios, un derramamiento de mi corazón. En esa intimidad divina, encontré consuelo, entendimiento y, sobre todo, esperanza.

Es fácil perder la fe cuando las tormentas de la vida arrecian, cuando el dolor y la incertidumbre nos envuelven. Pero les digo, en esos momentos, aférrense aún más fuerte a esa fe. La fe no es simplemente creer en los días soleados, sino también confiar en medio de la tempestad. Es saber que, después de la noche más oscura, vendrá el amanecer.

Les aconsejo que no caminen solos en sus pruebas. Busquen el apoyo de su comunidad, compartan sus cargas, y permitan que el amor y la compasión de los demás los fortalezcan. Y en sus momentos más solitarios, recuerden que Dios está con ustedes. Su amor es una fortaleza inquebrantable, un refugio seguro.

Y sobre todo, no pierdan la esperanza. La esperanza es la brújula del espíritu; nos guía a través de la oscuridad hacia la luz. Es la promesa de que, no importa lo difícil que sea el camino, no estamos perdidos. Dios camina con nosotros, llevando nuestras cargas, secando nuestras lágrimas, y guiándonos hacia un futuro de paz y amor.

Así que, queridos hermanos y hermanas, en sus momentos de prueba, recuerden: su fe es su mayor tesoro, su oración es su más poderosa arma, y la esperanza es la estrella que ilumina su camino. Con estas tres, ningún obstáculo es insuperable, ninguna noche es eterna. Que Dios los bendiga y los mantenga firmes en la fe, radiantes de esperanza.

Muy interesante... y, ¿Cuál es su visión de una comunidad ideal en estos tiempos modernos?

Una comunidad ideal es aquella donde todos se cuidan mutuamente, donde la compasión y la solidaridad son los pilares. En un mundo tan conectado, nuestra comunidad se extiende más allá de nuestras fronteras físicas.

¿Qué consejo daría a los jóvenes de hoy que buscan un sentido en la vida?

Les diría que busquen siempre la verdad y la bondad. En un mundo lleno de ruido e información, es crucial tomarse el tiempo para escuchar su voz interior y seguir un camino que aporte luz al mundo.

En su época, la vida era más simple. ¿Qué piensa sobre la tecnología y su impacto en la espiritualidad?

La tecnología puede ser una herramienta maravillosa para conectar y aprender, pero no debe reemplazar las relaciones humanas profundas ni el tiempo dedicado a la reflexión personal y la oración.

Fray Leopoldo, ¿cómo mantuvo su fe y esperanza durante los momentos difíciles?

Mi fe se fortaleció en la adversidad. En cada desafío vi una oportunidad para crecer espiritualmente y confiar más en la providencia divina.

 

 

Usted que dedicó su vida al servicio religioso, ¿qué palabras de aliento y guía ofrecería a un joven que siente la llamada a la vocación, especialmente aquellos que consideran el sacerdocio? ¿Cómo pueden estar seguros de su camino y qué consejo les daría para dar ese paso decisivo?

Joven, la vocación es una llamada del alma, un susurro divino que te invita a seguir un camino de servicio y amor profundo. Si sientes ese llamado hacia el sacerdocio, primero quiero decirte que es un honor grande, un camino que, aunque lleno de desafíos, está también repleto de una paz y una alegría inmensurables.

Encontrarás momentos de duda, es natural, pero recuerda que la vocación es un viaje, no un destino inmediato. Dedica tiempo a la oración, a la reflexión. En la quietud de tu corazón, escucharás la voz de Dios guiándote. No tengas miedo de ese diálogo interior, pues en él encontrarás la verdad sobre tu camino.

El sacerdocio es una llamada para ser puente entre lo divino y lo humano, a ser portador de esperanza, consuelo y luz en un mundo que a menudo se siente oscuro y confuso. Es un compromiso no solo con Dios, sino con su gente, con sus alegrías y sus sufrimientos, sus búsquedas y sus hallazgos.

Si sientes esta llamada, te animo a abrazarla con valentía. No estás solo en este viaje. La comunidad, la Iglesia, y el mismo Cristo caminarán contigo. Habla con sacerdotes, únete a grupos de discernimiento, y sumérgete en las Escrituras. Cada paso te acercará más a entender si este es tu camino.

Y si descubres que tu vocación te lleva hacia otro sendero, eso también es parte del descubrimiento divino. Cada uno de nosotros tiene un rol único que jugar en esta tierra, y seguir ese rol con corazón y dedicación es en sí un acto de amor profundo hacia Dios.

Así que, joven buscador, sigue tu corazón, escucha esa voz interior. Si el sacerdocio es tu camino, te esperan días de profundo significado y servicio. Serás una luz en la oscuridad, un guía en tiempos de duda, y sobre todo, un reflejo vivo del amor de Dios. Que tu viaje esté lleno de bendiciones, coraje y un amor profundo por la vida y sus misterios.

 

 

Cuánto darían muchos por vivir esta oportunidad que yo tengo con usted... Le cogí la mano en señal de agradecimiento y le invité a dar un pequeño mensaje... ¿podría compartirles un detalle de felicitación para el año 2024?

Jajaja... todo aquel que cree vive mejores oportunidades. Que este año nuevo traiga renovación espiritual, paz y solidaridad. Que cada uno de nosotros sea un faro de esperanza y amor en nuestras comunidades.

Quise hacerle otra pregunta, en concreto sobre mí, pero en ese momento sentí un par de tortas en la cara. Pensé que algo no le había gustado pero no, era una enfermera que se empeñó en que no tenía que seguir dormido. ¿Ya me han operado?, le pregunté. Sí, todo ha salido muy bien, me respondió, y me preguntó... ¿Con quién hablaba? se le veía muy feliz... y, por cierto... ¿Por qué me agarraba usted la mano? ¿Puede devolvérmela? ... Le solté de inmediato y no supe qué decirle, me sentía confuso, como entre una nube de la que me estaba costando despertar. 

Luis López

 

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