Noemí Novillo. Monasterio Guadalupe (Ecuador)

Noemí Novillo. Monasterio Guadalupe (Ecuador)

Noemí, cuéntanos quién eres

Nací en la ciudad portuaria de Guayaquil en mi pequeño, pero, bello país de Ecuador. Mis padres Lucía y Jorge, me esperaban con ansias, puesto que unos años antes tuvieron la tristeza de que muriera mi hermana mayor. Y como es de esperarse me consintieron mucho, no sólo mis padres sino mis abuelos, maternos y paternos, ya que era la primera nieta.

Mi infancia fue normal, aunque destaco como rasgo importante la llegada de mi hermana Kerly. Y como ya he dicho era la consentida, sentí en mis seis años, la angustia y envidia de mi hermanita menor. Claro, ahora nos llevamos estupendo, pero, en esos tiempos infantiles, nos peleábamos mucho.

La escuela fue un lugar en donde encontré amigos, pero en ese entonces, mi poca espontaneidad me hacía tímida. Recuerdo una vez que nos pidieron que aprendiéramos técnicas de primeros auxilios. Yo me los aprendí de memoria, pero al tomar la lección teníamos que hacerlas en vivo, me dio tanta vergüenza que me quedé muda.

Luego mi vida en la adolescencia fue marcada por la pérdida de mi padre, un accidente vehicular. Yo con 12, mi hermana con 6 y mi madre con 35 años. Esta experiencia tan fuerte para nosotras llegó para unir más nuestros lazos. Nuestro padre tan cercano y acogedor, nos brindó con sus palabras y ejemplo el amor al esfuerzo, a la tenacidad, al salir adelante aún con dificultades. Mi madre, asumiendo toda nuestra educación, se vio en la necesidad de emigrar ante la situación económica del país. Es cuando llega acá a España y comienza una vida de mucho sacrificio para sacarnos adelante. En unos años le seguiría mi hermana. Y hace muy poco mi abuelita materna también se vino acá. Ellas actualmente viven en Barcelona.

¿Cómo llegas a la Orden Capuchina? ¿Nos puedes contar algo sobre cómo nace tu vocación?

Mi andadura vocacional tiene su inicio a los 15 años, cuando escuché el llamado de Dios. Todavía no terminaba mi bachillerato, y una congregación de hermanas misioneras me invitaba a una experiencia. Pero, en mi familia no me dieron permiso. Seguí con mis estudios, y ya no sentía el mismo interés de antes para ir a una experiencia. Aunque se dio la oportunidad después, Dios me iba conduciendo poco a poco, y fui descubriendo que esa congregación no era para mí, parecía que me faltaba algo.

Luego de la ida de mi hermana a España, le prometí a mi mamá estudiar en la universidad. El rol universitario, los amigos, el ambiente, el estudio, contribuían a mi alejamiento de la Iglesia, de la oración y por ende un enfriamiento en mi fe y vocación. Iba sólo por cumplir, ya no había un deseo más profundo. Entre estos atisbos de luz que recibí, Dios me iba seduciendo y conduciendo a mi comunidad actual. Todo sucedió un día en un encuentro de mi querida Renovación carismática. En el momento de la adoración al Santísimo Sacramento, yo sentí la presencia de Dios que me llamaba a seguirle. Fue un momento cumbre en mi vida, al cual recurro siempre, y que ha quedado grabado como llama de amor. Desde ese momento comencé a buscar una experiencia más en serio.

Una de las hermanas de la congregación primera me comentó de una comunidad de Clarisas en otra provincia (para ser específicos en Orellana, Coca, a 611 km). Les envié una carta y comenzamos la correspondencia y las llamadas. Descubrí que no sólo eran Clarisas, también Capuchinas y además Sacramentarias venidas de México cuyo monasterio está titulado Santa María de Guadalupe. Da la casualidad que mi parroquia está bajo el título de san Juan Diego de Nuestra Señora de Guadalupe.

Concordamos una experiencia, y el solo llegar y conocerlas fue una sensación de estar en mi lugar, de sentirme dichosa y en familia. Pasé un mes con ellas y regresé a mi casa para arreglar todos los papeles para irme definitivamente.

¿Qué estás haciendo ahora y dónde?

Después de varios años de invitaciones para realizar los estudios franciscanos. Como comunidad decidimos aceptar y darnos la oportunidad a dos hermanas de vivir esta experiencia. Con mi hermana María estamos haciendo los estudios franciscanos en la ESEF, acá en el Pardo, Madrid.

En el Pardo, ¿Cómo ha sido tu experiencia?

Para hablar de esta experiencia, me atrevo a hablar de un antes, durante y después del Covid-19. Sería para mi ilógico, no situar mi experiencia desde esta pandemia. Al llegar como en todo, la novedad de un lugar nuevo, los hermanos, la experiencia de un viaje tan largo, la ausencia física de las hermanas de comunidad, otro horario, otras costumbres, se suman entre todas para generar sentimientos encontrados. El situarse en un contexto de estudios y trabajos me ha costado un poco, puesto que el ritmo comunitario es distinto. Poco a poco y con la ayuda de los hermanos de la comunidad y los hermanos estudiantes fui adentrándome en las figuras de san Francisco y santa Clara.

En medio de nuestra “normalidad” aquí en la ESEF, viene a cambiarnos el panorama el “tío corona”, apropiándome de una frase coloquial de un hermano compañero del ESEF. Y como humanos, comencé a experimentar el miedo, la incertidumbre y la impotencia sobre todo lo que iba aconteciendo en el mundo y concretamente en Madrid. Luego, comenzaron los síntomas de varios hermanos, el aislamiento, las prevenciones, y la hermana muerte con nuestro hermano Luis.

Y como todos, creo yo, ¿comencé a preguntarme por el Dios de nuestra Historia que camina con su pueblo? ¿Qué es lo que lo que estamos haciendo con nuestro mundo, la contaminación, los diferentes intereses políticos, sociales y eclesiales? Y, en medio de toda esta situación, seguir con las clases, presentando trabajos, todo desde la habitación, con clases telemáticas. Nuestras hermanas en Ecuador preocupadas, al igual que mi familia. Fue un cúmulo de emociones que me hacían experimentar el sufrimiento y dolor de miles de personas que sufrían la soledad y angustia del aislamiento. Y en el contacto con Dios, fui descubriendo que también sufría con nosotros, y que aún había personas entregadas completamente a cuidar y salvar la vida de todos. Dios está en tantos médicos, enfermeros, policías, transportistas, y una larga lista de personas que aun con sus fatigas y riesgos, daban hasta la última fuerza del día para ayudar.

Es muy motivador seguir descubriendo a Dios cercano a nosotros que camina, sufre y llora con nosotros, pues nuestro Dios es un Dios de vivos no de muertos.

Ahora que estamos finalizando el curso, y entrando a la “nueva normalidad” veo con esperanza el futuro, porque Dios todo lo hace nuevo y sin duda antes estas adversidades, brotará la belleza y creatividad de Dios. Una vez más he descubierto que Dios se sigue revelando a su pueblo y mi experiencia de Él se ha enriquecido con la profundización sobre nuestros Padres Francisco y Clara de Asís, de un Dios que se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza.

Aprovecho para agradecer a nuestros hermanos de la comunidad de El Pardo que con su entrega y dedicación han aportado un plus a mi vida vocacional. Antonio, Inocencio, Basilio, Antxon y mi tutor Jesús, gracias por permitirme formar parte de esta experiencia en su comunidad, que todas sus muchas cualidades y dones sean puestos siempre al servicio de Dios y de la Orden. Y a todos los profesores que hemos tenido, todos de gran prestigio, a unos pocos conocimos presencialmente y otros adaptándose a la nueva forma de dar clases, nos han compartido valiosos aportes a nuestra vida franciscana-clareana.

Háblanos sobre tus aficiones y/o Hobbies

Gracias a mi temperamento y que siempre me sentí amada y querida por mis familiares, desarrollé una gran confianza conmigo misma y en mis capacidades artísticas y creativas. Soy jovial y espontánea y me gusta ver la vida con optimismo y realismo. A mi ingreso en el monasterio, ahondé en mi fascinación por la música, pues durante la formación solíamos escuchar música variada y eso despertó más en mí ese gusto de poder tocar el piano, que tenía guardado. Con la ayuda de las hermanas y buscando algunos cursos he podido ir evolucionando en esta afición y ponerla al servicio de la comunidad. 

Me gusta mucho las manualidades porque me hace desarrollar la creatividad y la imaginación. Además, puedo crear arreglos para alguna celebración, poniendo un toque artístico y tratando de plasmar la belleza en algo sencillo. 

En la comunidad, me dicen la cacharrera, porque me gusta mucho arreglar cosas, sobre todo si son aparatos electrónicos. Aunque me da un poco de miedo la luz eléctrica, me gusta componer y desarmar cosas, lo más sorprendente es que luego de arreglarlas, sí funcionan.

Otra de las cosas que me gusta y se me da muy bien es la informática, y es lo que estudie en mis primeros años de universidad. En la fraternidad es una herramienta, que ahora es muy útil, que con ella siempre puedo ayudar a mis hermanas de comunidad. 

¿Qué le pides al futuro? ¿Qué es lo que más te gustaría hacer?

Pienso y vivo con el futuro en las manos de Dios. Trato de vivir el presente como el don más grandioso de cada día. Muchas veces nos quedamos en el pasado o anhelando el futuro, y nos olvidamos del presente. Vivir el presente con pasión, es lo que quiero cada día, donándome, siendo mejor, en sintonía con mis hermanas de comunidad. Me gustaría dar a mi comunidad todo lo que he recibido, sé que para todas ha sido un sacrificio, más aún con la pandemia. Agradezco inmensamente esta oportunidad a mi comunidad y quiero regresar con nuevas fuerzas, apoyando el hombro, poniendo a disposición de mi comunidad y de la Iglesia de Aguarico todas mis cualidades, con las que Dios me ha bendecido.

Creo que te gustan las Nuevas Tecnologías. ¿Crees que puede ser un instrumento útil de evangelización?

Sí, antes de entrar en el monasterio estudiaba Ingeniería en Sistemas. En nuestra vida del monasterio la tecnología es un medio para información, estudio y porque no decirlo entretenimiento. Considero que, en nuestro mundo actual, los medios son necesarios, pero no nos deben esclavizar. Hay que buscar los criterios y modos para realizar una evangelización. Como he dicho, son un medio, que nos hace más cercanos. En mi comunidad tratamos de hacer diálogo para discernir tanto lo que vemos o lo que subimos a internet. Como somos seres humanos, siempre necesitamos de comunicación y ahora con tanta desinformación necesitamos transmitir mensajes evangelizadores que transmitan espíritu y vida.

Y ahora… ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Qué harás cuando acabes en el Pardo?

Si las medidas de seguridad en post-pandemia nos permiten viajar, regresaremos a nuestra comunidad. Y allí, comunicar a las hermanas todo lo que hemos recibido. Nuestra vida contemplativa está llena de pequeños detalles, que enriquecen nuestra vida y este compartir es primordial. 

Desde luego, seguiré con el trabajo final del ESEF, profundizando en la vida de santa Clara, nuestra Madre. Ella tiene mucho que aportar a nuestra sociedad actual. Su vida de oración y entrega es una riqueza que hay que valorar y profundizar. 

Luego, seguiremos trabajando a nivel de Orden en el estudio de las constituciones, y en un proyecto vocacional a nivel comunitario. También seguiremos en la medida de lo posible, en el curso de música en comunidad.

Y, cuéntanos ¿cómo es el Coca?

El Coca es una ciudad pequeña, pero con gran diversidad de culturas, tenemos kichuas, shuar, huaoranis, mestizos, afro ecuatorianos, blancos. Está rodeada de tres ríos: Coca, Payamino, Napo, este último desemboca en el Amazonas. El Coca es una ciudad amazónica, por lo tanto, la biodiversidad es variada, su clima es húmedo tropical. Nuestro monasterio se encuentra a 7 kilómetros de la ciudad. Estamos rodeadas de la selva, aunque hace unos años han construido alrededor, galpones y edificios para guardar los instrumentos de las compañías petroleras. En medio de toda la belleza que tenemos nos encontramos con la destrucción de la biodiversidad por la extracción desmedida del petróleo que amenaza no solo el ambiente, también las comunidades indígenas que subsisten de la naturaleza.

Nuestro Vicariato vive su misión y visión centrada en la realidad socioeconómica actual de empobrecimiento, injusticia y desigualdad que sufren los pueblos indígenas y colonos. Asumiendo la opción preferencial por los pobres dentro de la espiritualidad martirial de Alejandro e Inés. Y como monasterio caminamos dentro de esta espiritualidad. Al visitar nuestro lindo Coca, es indispensable llegar a las tumbas de Alejandro e Inés, que se encuentran en proceso de canonización, y en ellos vemos el amor a los últimos y de tantas y tantos misioneros que han desgastado su vida por este pueblo. Vengan y vean, cuanta belleza y amor nos regala el Señor.

Gracias

 

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