Alfonso Ramírez Peralbo

Alfonso Ramírez Peralbo
Vicepostulador de la Provincia de la Madre del Buen Pastor, de los Capuchinos de España
 
¿Quién es Alfonso Ramírez?
 
Nací en El Viso de los Pedroches (Córdoba) el 21 de agosto de 1944. Hice los estudios en una de las escuelas del pueblo, donde contábamos con 2 maestras que para enseñar eran algo fuera de serie, pero en los modales eran terribles. Como entonces sólo existía una Enciclopedia Elemental y de Grado Medio, le dimos muchos repasos. Por eso al ir siendo mayores, nos enseñaron latín, solfeo, manualidades y muchas otras cosas de historia, geografía, ciencias… puesto que ellas preparaban a aquellos muchachos que iban a hacer Ingreso y estudiar en un Instituto en Córdoba. Hicimos teatro, formamos un coro que cantaba en la iglesia y hacíamos frecuentes excursiones al campo. Mi infancia transcurrió feliz como la de otro muchacho cualquiera, sin nada raro que no fuera la escuela, los deberes y los juegos propios de la edad; era aventajado en la escuela y me tenían cierta envidia, cosa no de extrañar.   
 
¿Cómo entras en contacto con los capuchinos? ¿Y cómo surge la vocación?
 
En mis años de infancia había un Seminario Menor de Carmelitas calzados en Hinojosa del Duque, a 17 km. de mi pueblo y venían con frecuencia algún Padre a buscar vocaciones, yo siempre me apuntaba pero cuando el Padre iba a mi casa a hablar con mi madre, ésta le decía: pero ¿Dónde va a ir usted con mi niño tan pequeño? Y así más de una vez.
Mi vocación capuchina se debe a que en 1956 cantó misa en mi pueblo el P. José Eulalio Valverde, capuchino, que predicaba con tanto ardor y fogosidad que dejaba admirados a toda la gente del pueblo, yo fui un niño cautivado por esa predicación. Con este hecho, tres de mis mejores amigos se fueron de capuchinos ese mismo año y yo tuve que esperar todo un año hasta que ingresé en el Seminario Seráfico de la Orden Capuchina de Antequera el 17 de Septiembre de 1957 donde hice el bachillerato. Me costó trabajo porque mi padre no me quería fraile, me quería cura y yo empeñado en ser fraile y así fue, mi madre me ayudó más.

Tras el bachillerato, hice el Noviciado en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz), donde hice la primera profesión el 2 de agosto de 1962 y la perpetua el 21 de agosto del 1965. Los estudios eclesiásticos los hice en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla y fui ordenado sacerdote el 7 de febrero de 1970, en Sevilla.
 
 
 
 
¿Qué tareas has desempeñado para la Orden Capuchina?
 
Después de la ordenación, me enviaron a Roma donde hice la licencia en Teología Moral en la Academia Alfonsiana, del 70 al 72 y del 72 al 74 hice los cursos de doctorado en el Instituto de Ciencias Morales de los Redentoristas de Madrid, en el centro de la calle Félix Bois. Al regreso, en 1974, me mandaron a una parroquia de suburbio en Granada, donde pasé 25 años: 16 como coadjutor y 9 como párroco.  Durante este periodo estuve dos años dando clase de Moral en el Instituto “Gaudium et Spes” de Salamanca.

En Granada, en la parroquia de San Francisco Javier, del barrio de Haza Grande, fueron años duros donde uno no tuvo más remedio que sumergirse de lleno en la problemática social de familias desestructuradas, pobres y con trabajos precarios, sobre todo las mujeres que trabajaban principalmente en el Servicio doméstico, mal pagadas y sin Seguridad Social.
 
Éramos tres compañeros y hubo que trabajar por dotar al barrio de infraestructuras: eran casas unifamiliares de 49 m2, había que asfaltar las calles, dotarlas de alumbrado eléctrico, agua, la parroquia se convirtió en el centro de todo porque no había lugares ni locales de ocio, allí adaptamos un sótano-garaje para salón de los jóvenes al que dotamos de juegos de ocio y el salón parroquial se convirtió en centro de día para los mayores y los locales de la casa parroquial servían para catequesis y todo tipo de reuniones. Creamos una biblioteca a la que la Reina Sofía envió 600 libros de todo tipo y género para que los niños pudieran hacer sus deberes, además de leer y formarse mejor. Promovimos la creación de la Asociación de vecinos, a través de la cual se consiguieron buenas mejoras para el barrio. En medio de estos avatares estudié la carrera de Magisterio pues los cambios políticos en España estaban cercanos y tendríamos que vivir de un trabajo digno y remunerado, no vivir de las 3000 ptas. que el Estado pagaba entonces, tanto al párroco como al coadjutor.
 
Con el título de maestro pudimos impulsar en el Ayuntamiento la creación de la Escuela de Adultos en los locales parroquiales, donde muchas personas aprendieron a leer y escribir y a sacarse el carnet de conducir; también, además de las clases, montamos talleres de corte y confección, de cocina, manualidades y con los jóvenes organizamos muchas actividades culturales, excursiones, lo que más éxito tuvo fue, sin género de dudas, las colonias infantiles de verano que estuvimos realizando durante 24 años; se formó un buen coro con los jóvenes, que obtuvo varios años el primer premio en los concursos municipales de Villancicos y de los carnavales, así como varios primeros premios en las célebres cruces de mayo de Granada. 
 
En la década de los 90 comencé a trabajar en la Causa de Fray Leopoldo, ya dejada aquella parroquia y viviendo en el convento de Granada. Para ello hice el Curso para Postuladores en la Congregación de los Santos en 1992, en Roma.
 
Hice la Positio de la Causa de 1991 a 1993, que se consignó en la Congregación el 9 de marzo de 1994. En septiembre de 1994 fui nombrado Vicepostulador de las Causas de la antigua Provincia de Andalucía (Causa del Beato Diego José de Cádiz, Beato Leopoldo de Alpandeire y Beato Ángel de Cañete y VI Compañeros, Mártires Capuchinos de Antequera).
 
Fui Superior del Convento de PP. Capuchinos de Granada del 1998 al 2000. Y del 2010 al 2011, del de Sevilla. Y, como Colaborador del Postulador General, P. Paulino Rossi, tras haber realizado la Positio de Fray Leopoldo, hice la Positio de los Mártires Capuchinos de Valencia en 1998-1999 que fueron beatificados el 11 de marzo del 2001 por San Juan Pablo II.
 
En septiembre del 2000 fui llamado a la Curia General como secretario de lengua española del Ministro General y Vicepostulador General, dejando de ser Vicepostulador de las Causas de la antigua Provincia de Andalucía. En julio del 2005, tras la celebración del Capítulo Provincial de Andalucía y, con autorización del Ministro General John Corriveau, ya que yo residía en Roma, fui nombrado de nuevo Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo y, entonces, en Roma del 2006 al 2009, hice el Proceso sobre el milagro en la archidiócesis de Madrid, que llevó a la Beatificación a Fray Leopoldo el 12 de septiembre, en Granada, por el Papa Benedicto XVI, a través de su Delegado, el Cardenal Angelo Amato SDB. 
 
Como Colaborador del mismo Postulador General, hice también la Positio de cinco Causas unificadas de Mártires Capuchinos españoles de 1936, con un nº total de 32 Mártires pertenecientes a las diócesis de Madrid, Oviedo, Santander, Málaga y Orihuela-Alicante. Los 32 Siervos de Dios de esta Causa fueron beatificados por Benedicto XVI, en Tarragona, el 13 de octubre de 2013 cuando ya se había hecho la unificación de las 4 Provincias de Navarra, Castilla, Andalucía y Valencia, en la Provincia de la Madre del Buen Pastor. La Beatificación la presidió el Card. Amato.
 
En 2004 fui nombrado Postulador General de la Causa de Madre María de la Purísima de la que hizo la Positio sobre virtudes y fama de santidad; la Positio sobre el milagro, siendo beatificada en Sevilla el 18 de septiembre de 2010. Del 2012 al 2015 llevé a cabo la Positio sobre el milagro que llevó a Madre Purísima de la Cruz a los altares, siendo canonizada por el Papa Francisco el 18 de octubre de 2015.  
 
Como Vicepostulador General llevé la Causa del milagro del Siervo de Dios P. José Tous y Soler, fundador de las Capuchinas de la Madre del Buen Pastor, siendo beatificado en Barcelona el 25 de abril de 2010; esta celebración tuvo lugar en Barcelona y fue presidida por el entonces Cardenal Secretario de Estado, Tarsicio Bertone SDB.
 
Actualmente soy Postulador de la Causa de la Sierva de Dios Madre Rafaela de Jesús Hostia, que fue declarada Venerable por el Papa Francisco el 5 de mayo de 2015. En 2008 fui nombrado Postulador de la Causa de Madre Encarnación Carrasco Tenorio, cuya Positio, fue consignada en la Congregación de las Causas de los Santos en el 2014. Fue declarada Venerable por el Papa Francisco el 27 de abril de 2016. 
 
También soy Postulador en Toledo de la Causa del Siervo de Dios José Rivera Ramírez, sacerdote de la diócesis de Toledo, que fue declarado Venerable por el Papa Francisco el 2 de octubre de 2015. Y, también de la Causa de las Mártires Concepcionistas, de Toledo, que fueron beatificadas en Madrid el 22 de junio de 2019, ceremonia presidida por el Card. Angelo Becciù, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos. 
 
Hoy llevo adelante la Causa de 132 Mártires españoles de la Guerra Civil, de la Diócesis de Córdoba, que se esperan sean beatificados a finales del 2020, si la pandemia del coronavirus lo permite. También he finalizado en estos días la Positio de la Causa de los Mártires de Sevilla, que he consignado en la Congregación este mes de marzo para el estudio de los Historiadores. Todas las Causas de los Beatos de nuestra Provincia, de los Venerables P. Esteban de Adoáin y Francisco de Orihuela, y cuatro más que están en cola esperando encontrar hueco y tiempo.
 
 
 
¿En qué consiste ser vicepostulador de la causa de fray Leopoldo?

En toda Causa de Beatificación y Canonización entran en juego la actividad de tres personas: el Actor de la Causa que es el que la promueve por sí mismo o en representación de una entidad o Congregación religiosa;  el Postulador General, ya que las Órdenes religiosas y los institutos de vida consagrada pueden nombrar un Postulador General para todas las Causas de dichas Congregaciones. Este Postulador General tiene su sede oficial en Roma y es el encargado de llevar todos los trámites de las Causas de la Orden ante la Congregación ya que, una vez finalizado el Proceso diocesano, la Causa viene transferida a Roma. La tercera persona es el Vicepostulador que es nombrado por el Postulador General, en base a la propuesta presentada por el Actor de la Causa, el Ministro Provincial y que trata la causa ante el tribunal diocesano y colabora con el Postulador General en todo lo relativo a la Causa durante la fase romana de la misma.  

Al Vicepostulador corresponde: cuidar de la tumba o altar del Siervo de Dios y de su embellecimiento u ornamentación, así como de los objetos usados o pertenecientes al Siervo de Dios y de sus reliquias; examinar previamente la vida y la obra del candidato a la canonización, de valorar y sopesar la consistencia de la fama de santidad del mismo y examinar la relevancia eclesial de la Causa; debe estimular a los que trabajan en la instrucción del Proceso diocesano para que se agilice la tramitación de la Causa; examinar las actas del Proceso; difundir la fama de santidad a través de la distribución de estampas, reliquias, boletines, calendarios, lotería, publicaciones, biografías, medallas, y toda clase de objetos y de artículos religiosos, siempre en base a la imaginación del mismo… Es el responsable de todo lo que se edite y publique bajo el epígrafe del “Siervo de Dios o Beato…”.  
 
En nombre del Postulador es responsable de la administración económica: esto es de las limosnas ofrecidas voluntariamente por los fieles para la Causa de beatificación y Canonización de un Siervo de Dios o Beato.
 
¿Qué destacarías de la vida de fray Leopoldo?
 
Se comprende bien la frase de aquel célebre dibujante, que comentaba así con unos amigos la impresión que le había producido el rostro y la mirada de Fray Leopoldo: "Dibujar a este hombre es sumamente difícil; hace falta conocerlo para dibujarlo, porque habría que pintar todo lo que lleva dentro". 

Creo que cabría distinguir como dos planos en el diseño global de la personalidad de este hombre: lo que Fray Leopoldo reflejaba al exterior y lo que Fray Leopoldo llevaba dentro. Dos rasgos le definen, sobre todo, externamente: la sencillez y la bondad. Dos rasgos le definen, sobre todo por dentro: la fe y la cruz. Cuatro rasgos en total, que se integran y explican mutuamente, características la imagen de este hombre de Dios.
 
 
1.- Es indudable que un encanto inmediato le viene a Fray Leopoldo de su actitud de hombre simple, natural y sin artificio, sincero y rectilíneo, evangélicamente pobre; un hombre crédulo y candoroso, sencillo y discreto, que sabe situarse siempre en segundo plano y trata de servir en anonimato y la humildad; un hombre con un corazón de niño, noble franco, comedido y sobrio, de campesino honrado. 
La verdadera sencillez evangélica es fruto de la estima que tenemos de  nosotros mismos y de las demás criaturas en la perspectiva de Dios. Fray Leopoldo, como buen franciscano, era consciente de su propia talla y reflejaba, con absoluta naturalidad, el porte de un auténtico hermano "menor". 
Sin mayor cultura humana, estaba dotado de un gran realismo y, sobre todo, había aprendido -en sus largas horas de rezo y de contemplación- la verdadera sabiduría de los pobres y pequeños del Evangelio. 
La vida de Fray Leopoldo es una respuesta cabal al consejo de san Francisco a los hermanos que "no saben letras": evitando la avidez de saber, aspiren, sobre todo, "a poseer el espíritu del Señor y su santa operación: orar siempre a Dios con puro corazón y tener humildad" (2R 10). 
 
2.- Pero, además de la sencillez, el perfil externo de Fray Leopoldo tiene otro rasgo inconfundible: la bondad. Una bondad discreta y sin ruido, casi desapercibida, amasada con las cosas aparentemente más banales, con los deberes más menudos de cada día; una bondad hecha de mansedumbre y cortesía, de respeto y sensibilidad, de aguante y comprensión; una bondad traducida en entrega y servicio, en dádiva generosa y en total disponibilidad; una bondad que sabe silenciar defectos y alabar todo lo bueno que encuentra, fácil a la excusa y al perdón, inspiradora siempre de estima y confianza; una bondad, en fin, calco perfecto de la caridad cristiana. 
Pero tal vez su gesto más espléndido de caridad, dentro y fuera del convento, se cifra en la silenciosa predicación que ofrecía a todos con "el buen ejemplo". San Francisco quiere que todos sus hijos "prediquen con las obras" (IR 17), que la vida de cada franciscano sea una encarnación convincente del Evangelio de Jesús, como el mejor servicio de caridad que puede hacerse a los hermanos, los hombres. Fray Leopoldo se había formado en esta escuela y por eso aprende a amar edificando, viviendo su profesión evangélica de franciscano sobre todo a través del ejemplo de su bondad... 
 
3.- Pero la personalidad sencilla y bondadosa de Fray Leopoldo tiene, por dentro, su secreto: el secreto de una vida interior enormemente seria, anclada por completo en Dios y abrazada con gozo a la cruz. 
A las gentes cautivaba el porte humilde y el corazón bueno de Fray Leopoldo; pero la clave verdadera de ese encanto era todo lo que llevaba dentro: Y lo que llevaba dentro era, sobre todo, con intensa fe, Dios.  
Cuando a los 35 años toma el hábito de los capuchinos, sabe perfectamente a lo que se compromete. Vale por todo este comentario de un connovicio suyo, más tarde superior provincial de los Capuchinos de Andalucía: "Toda su preocupación, desde que entró en la Orden, fue hacer la voluntad de Dios". Un programa que revela su decisión de fidelidad, sin condiciones, al Señor. 
Con esta fe de fondo se comprende el porqué de su meticulosa sumisión a la obediencia. "Hagamos siempre lo que está mandado", era su lema. Y así hace de su vida un dechado de entrega sin reservas al deber. 
Con esta fe de fondo se comprende el porqué de su visión profundamente religiosa de las cosas, la aceptación de todo acontecimiento desde Dios, su actitud de absoluta paz y confianza en El. "Bendito sea Dios", "Sea por el amor de Dios", "Tenemos que aceptar siempre la voluntad de Dios. El hace siempre lo mejor", "Dios sabe mejor lo que nos conviene", "No hay que tener miedo, vamos por donde el Señor nos lleva", "Estoy bien, porque estoy como Dios quiere", "De la vista estoy peor..., pero estoy contento porque así Dios lo quiere", "Lo que el Señor envía hay que aceptarlo"... Y aquel sereno "Fiat" de su Getsemaní final: "Como Dios quiera y cuando Dios quiera; cúmplase la voluntad de Dios". 
Pocas palabras, pero reiterativas y cordiales, con el candor de un estribillo, expresión de una fe espontánea y de una absoluta confianza en la Providencia. 
 
4.- Finalmente, la cruz. La cruz es la marca de fábrica de todo auténtico discípulo del Evangelio, el precio del verdadero seguimiento de Jesús. 
Fray Leopoldo tiene una habilidad especial para encubrir ese lado áspero y austero, conflictivo y difícil de su vida. Muchos se lo imaginan como un hombre sereno y paciente, casi impasible. Y, sin embargo, temperamentalmente no era así, y que los hombres no le ofrecieron siempre estima y respeto... Detrás de los ojos apacibles y del gesto imperturbable de Fray Leopoldo están sus horas de agonía, de lucha y de cruz. 
Pese a su carácter reservado, se conservan algunas frases suyas extraordinariamente elocuentes. Frases de delicioso estilo "campesino".  "Hay que tragar mucha saliva para ganar el cielo", "Nos viene bien algún sufrimiento para no olvidarnos de Dios”. “Hay que darle muchos palos al borriquillo", "hermano, hay que agachar la cabeza hasta que pase la tormenta... ". Y así… 
 
Hay dos libros en producción sobre el beato Diego José… ¿Qué nos van a contar?

No voy a contar nada nuevo ni desconocido sobre la vida del Beato Diego José de Cádiz, llamado por el P. Anselmo de Legarda el “misionero de la misericordia”. Mi intención, como Vicepostulador, al hacer una nueva edición del libro Trotacaminos, del P. Juan Bautista García Sánchez, excelente biografía del Beato y, dadas las buenas cualidades que reunía su autor: excelente teólogo, plenamente sumergido en la teología del Vaticano II, conocedor del mundo contemporáneo, de la literatura española, del buen saber y del buen decir, notas que encontrará el lector en cada página, hacen que el libro se lea de un tirón o, por lo menos, no se aburra y se tire con desprecio. He intentado que nos fijemos en su figura y he pretendido acercarla a nuestros días y darla a conocer a las nuevas generaciones con un texto conserva toda su frescura original. Fray Diego es un gigante de la santidad capuchina, en todos los aspectos y un “fraile del pueblo” con el que estuvo directamente en contacto, con su palabra cálida, misericordiosa y evangélica, de la que dan fe las muchas conversiones que sus predicaciones al aire libre producían, de cómo sus predicaciones se oyeron a kilómetros de distancia produciendo la conversión de personas desavenidas. Una figura para conocerla y para imitarla, sin nada de oscurantismos, como quienes en el siglo de las luces y de las ideas liberales de la Revolución francesa, han echado sobre su figura a lo largo de más de dos siglos, tal vez porque su palabra ardiente hería con facilidad el fondo de su corazón y de sus conciencias. Bastaría sólo ver cómo el joven Fray Diego se pone a los pies del sagrario, con el libro de clase en sus manos para decirle al Señor: “Enséñame Tú, que yo aprenderé” y a fuer que lo consiguió aquel zagalote de Cádiz que quiso ser “misionero, capuchino y santo” y ¡qué santo!, no de esos de cera virgen que pueblan las acarameladas hornacinas de los retablos barrocos de nuestras iglesias, sino de aquellos con pies de arcilla, que hundían sus sandalias capuchinas en el mismo barrizal que los vecinos de este o de aquel pueblo o ciudad.
 

 
El segundo libro es también una nueva edición del libro El Director perfecto y el Dirigido Santo, del P. Ambrosio de Valencina, libro que recoge la correspondencia epistolar entre el P. Francisco Javier González, de la Orden de los Mínimos, como Director espiritual y del Beato Diego como dirigido. Según afirmaba César Vaca, O.S.A. en su célebre obra Guía de almas de mediados del siglo XX, es frecuente en la historia de la espiritualidad cristiana encontrarse con obras de dirección espiritual en el caso de mujeres, entre hombres, es ésta obra una verdadera y rara excepción. Hay en ella una armonía tal entre el Director y el Dirigido que, a veces, se confunden o alternan los papeles de uno y otro. La obra, por estar llena de personas, personajes de cierta dignidad o rango, hechos y acontecimientos que, en la última edición de 1924 y en las anteriores, el P. Valencina aclaraba en notas, hubo intentos de reeditarse en la antigua Provincia de Andalucía, que nunca cuajaron a pesar del trabajo y de los esfuerzos realizados. La obra necesitaba una renovación y actualización de hechos, acontecimientos,  personas y personalidades que ha hecho realidad el equipo informático que trabaja actualmente en la digitalización del Archivo de la antigua Curia Provincial de los Capuchinos andaluces, basta con ver que ya en las primeras notas de esta nueva edición aparece citado el Papa Francisco. Gracias a este equipo, unido virtualmente a las otras bibliotecas capuchinas de España y de la Orden, ha sido posible que esa dirección espiritual recupere todo el valor que ella tiene en la historia de la espiritualidad cristiana. 
 
¿Por qué es interesante conocer la vida de fray Leopoldo y del beato Diego José?...

Fray Leopoldo siempre decía que debía su vocación al Beato Diego. Ello se debe a que, con ocasión de la Beatificación del Beato Diego por el Papa León XIII, el 24 de abril de 1894 (el mismo día que san Juan de Ávila), en Ronda, donde a los pies de la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad, descansan sus venerados restos, se celebraron solemnes fiestas religiosas con la predicación de capuchinos de nombradía, para conmemorar el feliz acontecimiento. Por aquellos entonces, los padres de Fray Leopoldo habían arrendado unas tierras cerca de Ronda, motivo por el que se trasladó a vivir toda la familia a Ronda. A los cultos asistió el joven Francisco Tomás, quien confesó más tarde que: “quiero ser religioso como ellos” y “los frailes llamaron poderosamente mi atención por lo recogidos que iban”. Y aunque el papeleo para el ingreso tardó en llegar al final consiguió ser capuchino y llegar a confesar que “debía su vocación al Beato Diego”. 
 
¿Qué te gustaría decir a los lectores?
 
La lectura de estos libros no dejará indiferente a nadie, son libros que convencen, sencillamente atraen, se percibe en ellos cómo la mano de Dios guía a los hombres hasta las cimas de la santidad y si la llamada del Señor a su pueblo es: “Ser santos porque yo el Señor vuestro Dios soy santo”, el creyente encontrará aquí un camino, este de Fray Diego es ciertamente duro, pero es que el evangelio es así de exigente, no se trata de un simple concurso: o “lo toma o lo deja”. Si se “toma” hay que aceptarlo con todas sus consecuencias y si se “deja” hay que dejarlo con las mismas consecuencias.
 
Y por último… ¿Cuéntame alguna anécdota especial sobre tu trabajo?
 
Hay cosas que nunca se cuentan o se dicen, no sé por qué, o porque no llega la ocasión o porque no se pregunta sobre ellas, pero es así. Esta es una ocasión para decir algunas. Yo llegué a destinado a Granada la tarde del 31 de diciembre de 1974 y me marché de Granada el 7 de diciembre de 1999. A lo largo de estos 25 años he visto crecer la devoción hacía Fray Leopoldo, veía la cantidad de autocares que llegaban de todas partes hasta el convento de capuchinos de Granada y las colas de gente que se formaba fuera, en la calle, para poder llegar hasta su tumba y depositar un ramo de flores. Yo, entonces, no entendía de Procesos ni de Causas de Beatificación ni sabía el entramado jurídico y canónico que había que seguir para llevar a un cristiano a los altares. Sin embargo, viviendo estas aglomeraciones, la religiosidad espiritual que contenían y la profunda amistad que llegó a unirme con el querido P. Ángel de León, al que llegué a conocer como superior en Antequera cuando yo entré de seráfico, y que fue el primer Vicepostulador de Fray Leopoldo, que hizo un imponente trabajo en la Causa de Fray Leopoldo, muchas veces incomprendido por los propios frailes, llegué a conocer y a querer a Fray Leopoldo y yo me preguntaba, lo que tanta gente se preguntaba: ¿Cuándo va a subir a los altares? Y junto a toda la batalla social que viví el último cuarto del siglo XX, en la parroquia de San Francisco Javier, del barrio de Haza Grande, no dejé de preguntarme, tantas veces que si este trabajo cayera en mis manos, yo haría todo lo posible para conseguirlo. Yo no hice nada por mi parte, ninguna petición ni intento, pero las cosas rodaron de tal manera que Dios quiso que así fuera. Estando ya en Roma, en nuestra Curia General, donde trabajé la Causa y el Proceso del milagro del 2006 al 2009, he de confesar que las puertas a las que tuve que llamar, yo de carácter tímido, se me abrieron con la mayor facilidad del mundo: tener que hablar con un médico, consultar o pedir resolver uno u otro problema con una cierta persona, curiales de alto rango que desconocía, profesores expertos en una materia, hablar con un Cardenal, todo fue como la seda, todas las puertas se me abrieron con una sola llamada. El P. Peter Gumpel, jesuita holandés, fue el Relator de la Causa y tanto él como el P. Molinari, ambos Postuladores de los Jesuitas, me dispensaron siempre un grandísimo afecto y una alta estima y me dieron indicaciones y personas con las que hablar. Con el P. Gumpel me unió siempre una estrechísima amistad y nos hemos visto varias veces, en Roma, después de la Beatificación de Fray Leopoldo.
 
Pero, no todo fue miel sobre hojuelas, la amargura y la cruz también llegaron. En febrero del 2006 empezó el Proceso del milagro en la Curia del Arzobispado de Madrid y cuya sesión de Apertura tuvo lugar en la Cripta de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli porque había que hacerlo tan en secreto… y yo, a trancas y barrancas, lo fui siguiendo desde Roma por teléfono; se trataba de la curación de un lupus eritematoso sistémico que afectó a la Sra. Ileana Martínez, esposa de Pedro Masó, director de cine. Llegó septiembre de 2006 y encontrándome, como secretario de lengua española, en el Capítulo General de la Orden, en nuestro Colegio Internacional san Lorenzo de Brindis, en Roma, recibí un correo del Sr. Ricardo Quintana, Delegado de las Causas de los santos en la archidiócesis de Madrid, en el que me decía que puesto que el lupus es una enfermedad que nunca se cura que diera por sobreseído el Proceso y retirara el material de la Curia de Madrid. En medio de la vorágine que un Capítulo General conlleva, no puedo dejar de reconocer que la noticia me cayó como un jarro de agua fría, me entristeció profundamente y que el mundo se me vino abajo. Y lo primero que hice fue ir a otro día a informar del hecho la Congregación, ésta me dio el siguiente veredicto: “No es competencia del Tribunal diocesano hacer un juicio de valor sobre un caso concreto y determinado, sólo le compete recoger la historia clínica completa del caso”. Así, pues, se procedió a la Clausura oficial del caso en Madrid y su siguiente traslado de las Actas a Roma. Donde el estudio del caso siguió con toda normalidad, sin ningún impedimento, lisa y llanamente, como ya he dicho Y se procedió a la Beatificación, en Granada, el 12 de septiembre de 2010.
Tal vez el Delegado de las Causas de los Santos de la archidiócesis de Madrid, quiso ignorar o no supo que para poder pedir que se abra un Proceso de milagro en una determinada diócesis, el caso debe antes contar con dos relaciones positivas y favorables al estudio del mismo, por parte de dos peritos médicos del álbum de la Congregación de los Santos, como se había hecho en este caso. El Sr. Quintana me dijo en plan confidencial que este milagro carecía de valor y que un buen milagro era el que había hecho la fundadora de las Damas Catequistas, Dolores Sopeña; sin embargo y sin quitar méritos a la santidad de nadie, Fray Leopoldo lleva ya ocho años beatificado y Dolores Sopeña sigue aún en su estado de Beata.
 
Termino con una breve anécdota que une las figuras del Beato Diego y del Beato Fray Leopoldo. Del 10 al 12 de marzo del año 2000, Año Jubilar de la Redención, visitaba la Provincia capuchina de Andalucía, John Corriveau, entonces Ministro General de la Orden Capuchina. El día 11 visitaba Granada, donde tuvo lugar una misa concelebraba, y en la homilía dijo: “Vuestra Provincia es llamada la Provincia Santa, así puede verse aún hoy, en los muchos cuadros que adornan los claustros de vuestros conventos. Son religiosos muertos en olor de santidad y que de no haber sido por la exclaustración, muchos hubieran subido a los altares. Sin embargo, destaca uno entre todos ellos, el Beato Diego José de Cádiz. Apóstol insigne de España, predicador incansable e infatigable que recorrió su geografía a pie sembrando la palabra de Dios por pueblos y ciudades. Tan azote de los vicios debió ser, que se hizo popular el dicho: “Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Divino, líbranos, Señor, de este fraile capuchino”.

Tenía que predicar en las calles y en las plazas porque las iglesias y catedrales eran incapaces de contener a la multitud que acudía a oír sus sermones. Pero aquel gigante espiritual, pobre y humilde capuchino, hoy, desde el trono de los cielos, guarda silencio, y, aunque se le recuerda bien, su devoción ha bajado muchos enteros. Ahora, en esta cripta, sucede el fenómeno contrario, aquel casi paisano del Beato Diego, por haber nacido cerca de la ciudad del Tajo y haber pasado algunos años también en Ronda, que se hizo capuchino, no “santo de cal y canto”, como él decía, sino “pobre y humilde de corazón”, aquel religioso rezador de Avemarías, que había pasado por el mundo viviendo silenciosamente, como quería san Francisco, hoy predica a voces desde su tumba, su eterno mensaje franciscano de “Paz y bien” sigue resonando con fuerza desde esta cripta que acoge sus venerados restos.   Porque tal vez su gesto más espléndido de caridad, dentro y fuera del convento, se cifra en la silenciosa predicación que ofrecía a todos con "el buen ejemplo". San Francisco quiere que todos sus hijos "prediquen con las obras" (IR 17), que la vida de cada franciscano sea una encarnación convincente del Evangelio de Jesús, como el mejor servicio de caridad que puede hacerse a los hermanos hombres. Por eso, mientras el Beato Diego, el vocero de Dios, hoy guarda silencio, el Beato Leopoldo el hombre del silencio, predica a voces y expande el mensaje evangélico por todo el mundo, prueba de ello son las miles de personas que mes tras mes y año tras año continúan visitando su tumba”.
 
 
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