Juan Carlos Andueza

Juan Carlos Andueza

Juan Carlos, háblanos de las minorías en relación con el testimonio de vida de Inés y Alejandro.
Desde una edad muy temprana, tanto Inés como Alejandro soñaron con la misión. Esta apuesta por las Minorías no la pudieron llevar adelante hasta bien entrado los años, como podemos ver en varias de sus cartas y escritos.

Las Minorías fueron el sueño de sus sueños que finalmente pudieron palparlo con sus propias manos. No cabe duda que fue una opción evangélica que hunde sus raíces en su fe, pero además fue el culmen de su realización personal más ansiada.

Ellos, junto a otros misioneros, descubrieron que dentro del vasto campo de la misión de Aguarico había unos pueblos que, por su distancia, su escasa población, su cultura y formas de vida tan particulares, eran poco conocidos y vivían en situación de marginalidad y abandono. 

A estos pueblos se los llamó Minorías y siempre hubo misioneros con una mirada y dedicación especial hacia ellos. Inés y Alejandro tenían esa sensibilidad especial para quienes las Minorías fueron el sueño de sus sueños a los que se dedicaron con profundo entusiasmo los últimos años de sus vidas.

La entrega de sus vidas en la selva atravesados por lanzas Tagairi, es una imagen que lo dice todo, lo inunda todo, sin embargo, para llegar allí ellos realizaron una larga travesía. 

En defensa de las minorías, no sólo levantaron la voz ante las autoridades, defendieron sus territorios, lucharon por sus derechos etc., Además los acompañaron y vivieron junto a ellos muchos años, se hicieron familia de ellos, como nos cuenta Alejandro en “Crónica Huaorani” y hemos podido constatar los misioneros que los hemos visitado después. Sus nombres eran recordados por los Waorani con mucha frecuencia; y no había visita que realizamos por el río Aguarico a los Sionas y Secoyas en que no aparecieran sus nombres, después de más de quince años de su ausencia. 

¿Qué significado tiene vivir junto a las minorías?
La dedicación a las Minorías surge del aprecio por aquellos pueblos y aquellas personas insignificantes para todo el mundo y por ello necesitan una preocupación, un cuidado, y una mirada muy especial hacia ellas. Ello supone un respeto y un aprecio por su cultura, por sus valores, su espiritualidad y por el lugar en que viven, la selva.  

Vivir entre las Minorías, significa dejar todo lo tuyo a un lado y comenzar a su lado, poniendo toda la confianza en ellos, para aprender un nuevo modo de ser y de vivir. (Cuando pasa uno de los cincuenta o sesenta no es nada fácil) Para Inés y Alejandro la vida con las minorías supuso un renacer. Dejando a un lado lo tuyo para a su ser, a su vivir, a su creer…

Para ellos esta aproximación les lleva a crear un nuevo estilo de evangelización.  Uno va a aprender y eso no se puede hacer si previamente no hay un aprecio y respeto por ellos al más puro estilo franciscano: “porque dando confianza se recibe…” 

Los llevará a desvestirse de sus ropas cotidianas, de su lengua materna, de sus costumbres conventuales, de su espiritualidad trabajada por años, para adoptar esta nueva cosmovisión que les insertará en tantos valores tan genuinamente franciscanos y creyentes. A una relación que los una como familia, más allá de los lazos de sangre. La vivencia a su lado les llevará a preocuparse por sus necesidades más urgentes. 

Es un encuentro vital donde el aspecto religioso queda postergado para recibir su espiritualidad. Es una apuesta por abrirse al otro, valorar, conocer, aprender, compartir su cultura, sus costumbres, sus ritos, sus mitos, sus historias…

¿Qué significan estos Pueblos de la Amazonía y por qué son tan importantes para los misioneros?
Estos pueblos son una oportunidad para recibir, aprender a abrirnos a las otras culturas, a otras personas en los que el Padre también tiene puesta su mirada y sus huellas.

Era el complemento perfecto a su opción de vida creyente y religiosa porque Inés y Alejandro, junto a otros tantos misioneros, son los que ponen el broche de oro y nos dicen que cuidar de la Amazonía, los Pueblos y toda la riqueza de su ambiente, no sólo es un sueño, sino algo posible que puede ser realizado y produce una inmensa felicidad como lo muestran tanto el pequeño testamento de Inés, como esa expresión pacificada y hasta sonriente que quedó en el rostro de Alejandro.

Tuvimos la oportunidad de que en los últimos momentos de nuestra vida se cumplieran nuestros sueños: 

  • De entregar nuestras vidas por aquellas personas a las que finalmente no conocimos, pero las amábamos profundamente.
  • Haciendo visibles a estos Pueblos Ocultos ante la sociedad, creando una frontera de respeto por más de veinticinco años.
  • Pudimos desvestirnos de aquello que aparenta lo que no somos, para vestirnos de lo que queremos ser. 
  • De poder entregar nuestras vidas en un lugar invisible, solitario, al lado de los últimos, los preferidos de Jesús.
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